Los pasteles de doña Ana, un legado artesanal

Romer Ramírez | La Prensa Táchira.- Traído de las altas montañas a la ciudad, uno de los mayores exponentes de los olores y sabores de la gastronomía tachirense son los pastelitos andinos, que desde el siglo XIX se volvieron tradición. 

Es así como desde hace más de 50 años, uno de los sitios más icónicos de San Cristóbal para degustar este manjar andino es La Tinaja, local que fue establecido ya con décadas de historia gastronómica a las espaldas de la señora Ana Teresa Carrero de Ceballos, una de las principales impulsoras de esta tradición, quien desde muy joven en su natal Pregonero vendía los pasteles para sacar adelante a su numerosa familia. 

Luego de mudarse a San Cristóbal, la familia Ceballos Carrero tuvo diversas dificultades para poder establecerse. Durante muchos años, la señora Ana y sus hijos trabajaron vendiendo pasteles en puestos ambulantes fabricados con caña, hasta que en 1986 con arduo trabajo pudieron comprar un terreno e ir construyendo un local y una vivienda con el transcurrir de los años.   

Uno de sus hijos, John Ceballos, contó que "ella nos dejó una tradición, raíces muy fuertes que han perdurado por más de 50 años. Estas recetas se las dejó mi abuela a mi madre, ella a nosotros, y ahora yo le inculco este trabajo a mis hijos. El pastelito de yuca, los pasteles de bocadillo con queso, los de arveja y papa, todo eso viene de Pregonero y está en nuestra sangre y crianza, inclusive cuando éramos bebés mi mamá nos daba tetero de chicha y masato". 

Si algo distingue el legado de la tradición andina de esta familia es que no utilizan conservantes artificiales, especias o cualquier otro producto químico. La sazón proviene del campo, de los vegetales y del amor y dedicación que todo el equipo le brinda a sus productos. 

Si bien los pastelitos son las estrellas de esta historia, están bien acompañados de las bebidas autóctonas del estado Táchira, como son el masato, la chica, el agua panela y los jugos de frutas propias de la entidad. Inclusive, en el establecimiento nunca se vendieron bebidas embotelladas, por no ser consideradas apropiadas para acompañar sus manjares. 

Si algo inculcó la señora Ana a sus herederos es la bondad y el compromiso con el buen servicio al cliente. El señor John Ceballos, hijo de la creadora de este linaje culinario, comentó que su mamá les enseñó que pese a las dificultades siempre se debe ayudar. "La caridad es uno de los pilares del negocio, siempre hay un pastelito para el mendigo o para los ancianatos, hospitales o cualquier persona que necesite de nuestro apoyo". 

Pese a la crisis que ha atravesado por muchos años el país, la venta de pasteles y bebidas andinas perdura pese a la adversidad, poco antes de la muerte de la señora Ana en 2015, algunos de sus 18 hijos decidieron establecer varios negocios, ajenos al materno, la mayoría con nombres inspirados en el de La Tinaja, como son: La Nueva Tinaja y La Tinaja Andina.

Los sucesores de la tradición de los pasteles andinos de doña Ana, esperan que esta perdure por siempre en la ciudad de la cordialidad. El señor John afirmó que seguirá trabajando en Venezuela, ansioso de que pase la crisis y vuelvan tiempos mejores para el país, mientras que eso sucede comentó que seguirá trabajando con uñas y dientes para mantener el legado de su madre en el corazón y paladar de los tachirenses.

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