Leyendas que se esconden en el cementerio de San Cristóbal

Holiancar Contreras | La Prensa Táchira.- Un sinfín de historias, se escuchan sobre algunos de los difuntos que reposan en el cementerio municipal de San Cristóbal. Milagros, devoción e incluso agradecimiento a hombres y mujeres a quienes algunos lugareños les profesan devoción por algunos favores concedidos. 

Algunas almas que reposan en el camposanto construido en 1857, se han convertido en mitos y leyendas conocidas por el sector popular que les atribuye presuntos milagros. 

Tal es el caso de la fallecida Anunciación Orduz de Ochoa, una mujer nativa de Colombia que se desempeñaba como vendedora de plantas medicinales. Anunciación la noche del 10 de julio de 1944 descansaba en su humilde casa ubicada en Barrio Obrero, la que compartía con su esposo, quien un día llegó ebrio comenzó a discutir con ella, la fuerte pelea culminó en tragedia. Múltiples puñaladas le arrebataron la vida a la dama.

Sus restos fueron enterrados en el cementerio municipal, desde ese momento pasó de ser una simple vendedora de yerbas a una figura de devoción.    

Al ánima de la mujer se le atribuyen favores como adquisición o construcción de viviendas, compra de carros y cosas materiales. Su tumba está rodeada de fachadas artesanales con varias placas de agradecimiento, así como las fotografías de casas y carros. 

Su tumba permanece limpia, pues sus creyentes se encargan de mantener el lugar "mágico" en buenas condiciones. 

El misticismo permanece en varios puntos del cementerio, en uno de los cuales se encuentra la tumba de Luis Alberto Méndez, mejor conocido como "Cabeza de Hacha". En su momento, esto hombre fue considerado como el "Robin Hood" de los años 80. Un solicitado delincuente que robaba las zonas más pudientes de San Cristóbal, para luego tenderle la mano a los más necesitados. 

Cuenta la leyenda que Cabeza de Hacha, para la época logró ayudar a enfermos, repartir comida en zonas vulnerables y pagar gastos médicos a quienes no tenían.

El historial de este popular delincuente lo hizo uno de los más solicitados por la policía. Su banda se dedicaba a realizar robos particulares. Analizaban cada movimiento de sus víctimas. Durante un enfrentamiento los cuerpos policiales, la noche del 29 de marzo de 1982 resultó muerto Luis Alberto en el Barrio Andrés Eloy Blanco, específicamente en el sector El Trapiche, parte baja de La Concordia, lugar donde el Robin Hood de los 80 se escondía. 

Luego de su asesinato, pasó de ser un delincuente, a tener devotos. Su tumba siempre tiene flores, colillas de tabaco y botellas de cerveza, que sus seguidores ofrendan para solicitar o agradecer favores. Para muchos es un recordado ladrón, para otros casi una figura de admiración.

Así como veneran a estos personajes, también lo hacen con Rosa Ayala, una muchacha que falleció el 20 de abril de 1927. 

Cuentan que la joven arreglaba el rosal de su casa y sin querer se pinchó el dedo índice, la herida le causó una gangrena produciéndole la muerte a temprana edad. En su tumba reposan globos, dulces, monedas y flores que dejan los estudiantes como petición para alcanzar metas académicas. 

El cementerio municipal de San Cristóbal no solo cuenta con tumbas de personajes reconocidos, sino con esculturas y espacios repletos de historias. Estas obras fueron diseñadas por artistas de larga y reconocida trayectoria en el estado Táchira.

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