Ciencia y espiritualidad se conjugaron para restauración 

Fabiola Barrera | La Prensa de Táchira.- A través de los años, la imagen del Santo Cristo de La Grita había sufrido una serie de lesiones producto de diversos factores. El cambio de ambientes cada vez que es sacado del lugar en el que se encuentra casi todo el año, en la Basílica del Espíritu Santo, así como el movimiento en cada procesión o bajada.Velas, cirios, luz y hasta humo deterioraron la imagen del Santo Cristo, por lo que de la mano del restaurador Miguel Ángel Márquez, se inició el proceso de conservación y restauración de la pieza que data de 1610 y que a lo largo de 411 años, si se había hecho alguna restauración la misma no usaba materiales ni técnicas que buscaran una perfecta preservación, sino la de tapar grietas y hendiduras, descuidando un poco la estética de la santa imagen. 

Márquez, quien está radicado en España, gritense de nacimiento y fiel devoto del Santo Cristo, cuenta que la restauración fue su tesis de grado para obtener el título de licenciado en Bellas Artes de la Universidad Cecilio Acosta, en Maracaibo. 

Destaca que se inclinó a un trabajo de restauración, ya que hizo pasantías en el museo de arte contemporáneo en el Zulia, y allí su tutor fue el restaurador Daniel Paz, quien estaba recién llegado de Italia. "Me estuvo motivando y como yo le hablaba sobre el Santo Cristo y de que se evidenciaban ciertas alteraciones, me sugirió el tema de la restauración del Cristo. Eso fue en el 2002". 

Dada su juventud e inexperiencia, sus deseos en ese momento no se hicieron realidad, pues estaba proponiendo intervenir una pieza de arte colonial de suma importancia para el pueblo de La Grita y Venezuela, por lo que debió esperar va- rios años para que esta tesis pasara del papel a cristalizarse. 

En ese ínterin, Márquez se mudó a España, donde hizo una especialización en restauración de patrimonio y logró hacerse de la experiencia y pericia en el área eclesiástica, lo que le ayudó a identificar las mismas alteraciones del Santo Cristo, en otras que estaban en la nación europea y que él ayudó a restaurar. Indicó que las tallas religiosas, casi en su totalidad son talladas en madera policromada, siendo el Cristo del Rostro Sereno hecha con esta misma técnica. 

Tras regresar a La Grita y colaborar en la Basílica y luego de la elaboración de un documental sobre el Cristo, volvió la idea de retomar la restauración de la imagen al hacer un nuevo diagnóstico de las condiciones de la pieza, ya que entre su tesis de grado y su regreso habían transcurrido unos doce años, aproximadamente. 

"Hicimos una comparativa con imágenes y las alteraciones eran bastante evidentes. Sí se veía el deterioro de la pieza", dijo. 

El 7 de noviembre de 2016, Miguel inició la titánica labor de devolverle al Cristo todos sus rasgos, revertir los daños causados por tantos años, sin afectar su forma y serenidad. 

Con la seriedad y compromiso que implicaba intervenir al patrono del Táchira, se trasladó la imagen hacia un taller improvisado en una de las capillas de la Basílica, donde se contaba con todo el material, equipo e instrumental necesario para llevar a cabo la labor que duró hasta mayo de 2017. "Era algo que nunca se había hecho, por eso supongo que hubo mucha incertidumbre entre la gente porque no se sabía lo que se iba a hacer, pese a que yo explicaba varias veces... pensaban que al Santo Cristo se le iba a quitar toda su pintura". 

Lo menos posible

Explica Miguel Ángel, que en este tipo de restauraciones lo que se busca es intervenir lo menos posible la pieza religiosa, pues la finalidad de esta restauración es devolver la legibilidad original sin intervenir a fondo la pieza. "Es algo muy superficial y se solucionan problemas concretos". 

Antes de iniciar la intervención, explica el restaurador que se hicieron análisis químicos en un laboratorio en España, a fin de verificar la composición de la capa de policromía y preparación. "Se tomaron unas micromuestras de las capas y se enviaron a Madrid". 

Estudios previos

Los resultados de estos estudios evidenciaron que antes de esta, ya se había dado una restauración con anterioridad y que gracias a ese estudio fue que se supo de ella, ya que no hay documentación alguna que registre esta intervención, la cual posiblemente, según Márquez, es que monseñor Jáuregui, a principios del siglo XIX, antes de hacer unas fotografías a la imagen, la haya mandado a restaurar o retocar. "Es una conclusión que saqué gracias al trabajo que hicimos. Gracias a la ciencia podemos lograr ese tipo de información". 

Destacó Márquez que no esperaba que estudios tan importantes pudieran hacerse y menos una radiografía. Fue cuando se encontró con el médico Daniel Guerrero, quien en conversaciones con él le ofrece practicarle unos rayos X a la imagen, tras explicarle la necesidad de ver más allá de la pintura, pues era necesario ver en qué condiciones estaba la madera. "Eso fue un recurso genial, porque nos organizamos para trasladar el Cristo y hacer las radiografías. Fue una bendición en verdad". 

"Esas son las cosas que digo yo que fue el mismo Santo Cristo el que permitió todo, porque todo fue producto de la casualidad". 

Según los registros que Márquez tiene, un estudio similar a este se hizo en los años 60 al Nazareno de San Pablo en Caracas, justamente en el marco de su restauración. Destaca que si bien hay un sector más conservador que podía impedir este tipo de análisis, advierte que era importante que la ciencia interviniera, a fin de hacer el mejor trabajo de restauración posible. "Es lo que nos permite mantener viva la tradición y el patrimonio". 

El proceso

Una mesa especial hecha por Miguel fue el lugar donde reposaría el Santo Cristo durante todo el proceso de restauración, que fue de unos seis meses. Antes de iniciar la intervención, Márquez realizó una revisión exhaustiva y una documentación muy bien detallada de todo lo que observaba en la imagen. 

Durante todos los días que duró la restauración, Miguel Ángel apenas llegaba al taller hacía una oración del Santo Cristo y con el respeto por delante iniciaba sus arduas jornadas, las cuales eran en solitario, por lo que tuvo la compañía exclusiva del santo patrono. 

Destaca el restaurador, que prácticamente todas las alteraciones que se registraban en el Santo Cristo eran a ni- vel superficial. Grietas, levantamientos de la capa pictórica, abolsamientos, ya que el Cristo es una talla en madera y para pintarlo se aplican capas de preparación con yeso y cola animal. Encima de esa capa es que se pone la policromía, la cual se hace con óleos y en vista que la madera es un e- lemento vivo que tiene contracción y dilatación la pintura y la base se afectan, pues estas son rígidas. "Por eso se produce este agrietamiento", destaca. 

Indica que en vista de que el Santo Cristo es una pieza devocional, cada año sale a procesión y esto cambia bruscamente la temperatura en la que suele estar la imagen, lo que causa que la madera tenga leves movimientos, pero que con el paso de los años el sufrimiento se evidencia en las capas superficiales. "Fue en estas capas donde yo hice la intervención". 

Dentro de lo que hizo Márquez, estaba la consolidación de la capa de protección, así como el relleno y nivelado de grietas y volúmenes faltantes, así como la restauración de los colores originales del Cristo, mediante una reintegración cromática con los materiales lo más compatibles posibles a los materiales usados originalmente. 

Miguel agradece al Santo Cristo que le haya permitido tener el honor de devolverle su originalidad y en vista de lo necesario que era hacerle esos arreglos, nadie había tomado esa iniciativa. Califica la restauración como un regalo del patrono y del mismo pueblo de La Grita. 

Los recursos

Miguel Ángel asegura que el proyecto se dio por el apoyo de muchos. La cofradía, sacerdotes y los fieles fueron los artífices de esta restauración, pues era mucho el dinero que se requería para la compra de los materiales y no se contaban con recursos económicos para poder ejecutarlo. "Se hizo gracias al favor económico de la gente". 

Un trabajo especial

Para Miguel Ángel, la conexión con el Santo Cristo es innegable, por lo que el reto de restaurar al Cristo era objeto de alegría para él. Sin embargo, explicó que no tuvo ninguna experiencia mística durante el trabajo, pues siempre estuvo concentrado en lo que estaba haciendo. Aseguró, sin ningún titubeo que el milagro del Santo Cristo fue la restauración en sí, pues era su sueño cristalizar ese proyecto, el que califica como una de las experiencias más importantes en su vida. 

Aseguró que otro milagro fue la unión de los gritenses para que se lograra que esta restauración se diera. "La cofradía, los feligreses, los párrocos, el obispo, los medios. Esto me llena de satisfacción", concluyó.

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