Gregory Pino: Un tenor con esencia  

Romer Ramírez | La Prensa Táchira.- La música es la obra del sonido y el silencio, la palabra hecha poesía. Cantar y hacer música es un talento nato pero también cultivado. La geografía tachirense ha sido cuna para innumerables músicos destacados y en medio de una pandemia Gregory Pino, cantante lírico, compositor, guitarrista clásico y director de orquesta consiguió en el "Método Pino" una forma de seguir instruyendo a las mentes del mundo ansiosas de conocimiento musical.  

En primera instancia están los cursos gratuitos a los cuales se puede acceder por medio de la página web y las redes sociales del artista, a través de estas plataformas se responden dudas, se dan consejos de canto y se dan clases de temas específicos. 

Ahora en los cursos pagos, ofrecen una experiencia mucho más completa, donde se trata un tema en concreto, con una pedagogía y ejercicios estructurados para el objetivo planificado.   

La innovación que tiene este método de enseñanza, según su creador es que fue hecho como reflejo de la experiencia de más de 20 años de carrera musical en distintas áreas de este arte, donde Pino descubrió y desarrolló ejercicios funcionales para todas las voces. 

A razón de esto, el también profesor inició el "Café con Pino" que es una idea de producción audiovisual virtual, donde se genera una interacción permanente con la audiencia. "Hablamos de canto, preparo un tema y cito a uno dos artistas célebres que me dan ejemplos tangibles de lo que quiero explicar; esto genera un debate de opiniones que termina siendo una tertulia en vivo que engloba todo lo que amo". 

Un legado 

Para el tenor tachirense sus más grandes satisfacciones y mejores experiencias las ha vivido representando la cultura venezolana a nivel internacional. "Visité Roma gracias a una fundación, tener la oportunidad de hacer canto lírico en la cuna del género, fue una sensación inexplicable. Recuerdo que Pavarotti acababa de morir y en los locales estaba su rostro con frases de despedida, allá los cantantes líricos son como próceres y ser parte de esa experiencia me cambió la vida". 

Otra de las mayores experiencias del tachirense la vivió al visitar la capital rusa, "En Moscú se celebraba un festival de música y baile, debíamos desfilar ante todo el público, como en unas olimpiadas, íbamos de liqui liqui y al dar los primeros pasos escuchamos el Gloria al Bravo Pueblo, siempre será uno de los momentos más recordados de mi vida".  

A pesar de estos gratos recuerdos Gregory considera su mayor logro y orgullo, el trabajo realizado en tierras andinas. "10 años haciendo ópera de forma consecutiva (hasta el inicio de la pandemia), con una producción 98% local, sin tener un teatro con las condiciones necesarias para estas obras, llenando cada una de las funciones y formando no solo cantantes, sino músicos y profesionales de la producción teatral. Ha sido no solo merito mío, sino de todo el sistema de orquestas del estado". 

Sus inicios 

De niño Gregory rechazaba la música, en reiteradas oportunidades fui inscrito en la escuela Miguel Ángel Espinel donde no duraba ni un mes, pues las clases le aburrían y se quedaba dormido. Al ser el menor de tres hermanos y único varón, su padre amante de las artes , tenía la esperanza de que se convirtiera en músico.

Al transcurrir los años en medio de su adolescencia, encontró lo que él titula como "un llamado de la selva". El músico contó que un amigo llamado Eduard tocaba serenata y le dejaba la guitarra en la casa, "nunca me interesé, una mañana en medio del ocio se me ocurrió jugar con ella, al tocar un par de acordes sentí una conexión y fue como amor a primera vista".

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