Eje fronterizo convertido en cementerio de empresas

José Gregorio Hernández | La Prensa Táchira.- Con el cierre de 4 mil 868 empresas pertenecientes a diferentes sectores productivos, de las 5 mil 064 existentes, en un lapso de seis años el eje fronterizo San Antonio-Ureña se ha convertido en un cementerio de fábricas, industrias y comercios.

Hoy, según las estimaciones del Consejo de Ramos Productivos de la Asociación de Comerciantes y Empresarios del estado Táchira Aceta, aproximadamente entre San Antonio y Ureña, a duras penas funcionan un total de 196 empresas.

El declive económico se acentuó a partir del año 2015 cuando las fronteras se cerraron y según voceros gremiales y propios empresarios, obedece a la crisis económica que afecta al país y la pandemia del Coronavirus, la cual terminó de impactar negativamente a fábricas, comercios y empresas de servicios que se resisten a morir económicamente en la frontera.

El caótico panorama se aprecia con comercios e industrias inactivas, talleres con montones de máquinas arrumadas, mientras que las pocas que sobreviven trabajan a la mínima capacidad instalada. La dramática situación ha impactado negativamente en el desarrollo económico y social de la región, la generación de empleo y el crecimiento de la informalidad.

De acuerdo con el análisis hecho por el Consejo de Ramos Productivos de la Asociación de Comerciantes y Empresarios del estado Táchira, Aceta, se estima que en el período 2015-2019 había en el eje San Antonio-Ureña 5064 empresas, pertenecientes a los renglones de alimentos, calzado, confección textil, cuero y marroquinería, metalmecánico, plástico, tabacalero, comercio, servicios, auxiliares aduaneros, turismo.    

Entre los diferentes renglones, se generaban 34 mil 977 puestos de trabajo, aproximadamente, dice Wladimir Tovar, director del citado Consejo.

DecrecimientoSegún Tovar desde 2015, a partir del cierre unilateral de la frontera por parte del Gobierno venezolano, se calculaba que anualmente la capacidad instalada del parque industrial, comercial y de servicios, se iba reduciendo hasta quedar apenas en 17 por ciento, lo que representó el cierre de 4204 empresas. 

En 2019, tras el bloqueo con contenedores de los puentes internacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, la situación se agravó, quedando apenas abiertas unas 301 empresas en ambos municipios limítrofes.

Al día de hoy, como consecuencia del cierre de la frontera y de la pandemia por COVID-19, se estima que los sectores económicos han mermado entre 60 y 70 por ciento, lo cual implica que tan solo sobreviven unas 196 unidades de producción, en el eje fronterizo San Antonio-Ureña, de las más de 5 mil que había en 2015.

Ese emporio productivo que había antes de 2015, recuerda Tovar, llegó a producir más de 60 mil puestos de trabajo, siendo esta región uno de los mayores generadores de empleo del estado y receptor de profesionales egresados de las universidades de la región.

Comercio cerrado La presidenta del gremio empresarial de San Antonio, Isabel Castillo estima que el 90 por ciento del comercio de esta localidad está cerrado. 

Dice que en una manzana que suma cuatro cuadras a la redonda, escasamente se pueden encontrar unos 4 negocios abiertos, que no tienen clientela. Los pocos establecimientos que sobreviven se ven afectados por los cortes de electricidad, fallas de internet y del sistema de pago por punto.

En el sector industrial, sostiene que 95 por ciento del parque industrial del municipio Bolívar está paralizado actualmente, mientras que el 5 por ciento que aún sobrevive está trabajando a 10 por ciento o incluso menos de su capacidad instalada. 

La Cámara de Comercio tenía afiliados 350 comercios y actualmente hay unos 100 activos. Castillo dice que además de los problemas de servicios, el comercio de San Antonio se ha visto impactado por los elevados impuestos, la crisis y la falta de incentivos.

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