San Antonio sobrevive a la pandemia sin agua  

José Gregorio Hernández | La Prensa del Táchira.- Para vecinos de los barrios Miranda, Curazao, Simón Bolívar, Cayetano Redondo, Sucre, Las Minas, entre muchos otros sectores de San Antonio, salir todos los días con pimpinas y botellas en busca de agua para cubrir necesidades básicas de la casa es algo ya cotidiano.

Aunque la Organización Mundial de la Salud estableció como primera medida el lavado de manos para evitar los contagios por covid-19, en esta población fronteriza eso no se puede cumplir a cabalidad. 

La poca agua que tiene este importante eje de la frontera la usan para cocinar, para asearse por lo menos una vez al día pero para el vado frecuente de manos, lo piensan. 

La falta de suministro a través de las tuberías es un problema recurrente en los hogares de la capital del municipio Bolívar, así esté operativo el servicio que ofrece la línea de aducción del Acueducto Regional del Táchira y el acueducto El Mesón, las dos principales fuentes de abastecimiento de agua de esta población fronteriza.

El escaso caudal que proporciona el Acueducto Regional obliga a la empresa Hidrosuroeste a sectorizar rigurosamente la distribución, lo que hace que algunos barrios deban esperar 18 días o incluso más para recibir el suministro de agua por tubería. Por su parte, el acueducto El Mesón que estuvo inoperativo hasta hace unas dos semanas debido a los daños que la crecida del río Táchira produjo en la captación, apenas abastece las comunidades de la zona sur y algunos sectores del casco urbano de San Antonio.

No mejora el servicio

Aunque en estos momentos ambos sistemas de suministro están en funcionamiento, hay comunidades que tienen más de veinte días sin recibir agua por las redes. "Tenemos casi un mes sin agua y ahora sin luz", dice Ana Mercedes Carriedo, mientras llena el botellón de 20 litros que carga en una especie de carreta de dos ruedas de las que la gente usa para cargar mercado.

Dice que vive en la carrera 15, entre calles 2 y 3 del barrio Miranda. Desde allí camina varias cuadras hasta el punto de llenado peatonal que Hidrosuroeste tiene frente a la oficina de la hidrológica en el barrio Curazao, de San Antonio. Cuando allí hay agua, decenas de personas de los barrios más cercanos y también camiones cisterna, acuden diariamente a buscar el preciado líquido.

"Aquí en San Antonio toda la vida ha fallado. Ya uno está acostumbrado a venir todos los días a buscar agua aquí cuando hay, porque a veces también la quitan y hay que buscar en otro lugar", sostiene la septuagenaria, ya al parecer resignada al trajín diario en busca del preciado líquido.

Hacen fila para llenar

En el punto de llenado peatonal ubicado frente a la sede de Hidrosuroeste, los vecinos se turnan para llenar las botellas y garrafas. "Aquí es rápido porque el chorro es grande, nada parecido al otro punto que hay allá arriba, donde apenas sale un chorrito de agua y uno demora hasta veinte minutos llenando una botella", dice por su parte Omar Pérez, del barrio Cayetano Redondo.

Pedro Celis, del barrio Curazao, dice que en el sector donde vive tienen más de dos semanas sin recibir agua por la tubería. "Siempre tenemos que venir al llenado a buscar agua, pero cuando no hay aquí tenemos que ir a un pozo de La Muralla a cargar. Allá tenemos que dar una colaboración al dueño del pozo", relata mientras llena una garrafa con capacidad para 50 litros de agua, que debe administrar para preparar la comida, lavar platos y utilizar para el baño.

Acotó que el suministro por la tubería unas veces está suspendido porque el río está crecido y otras porque hay mucho verano. "Eso es lo que siempre dicen, quién sabe cómo será la situación". 

"Tengo seis pimpinas"

Richard Tovar vive en el barrio Curazao y manifiesta que mientras hay agua en el punto de llenado, todos los días va a llenar las seis pimpinas de 20 litros que tiene en su casa para aprovisionarse. Las pimpinas las moviliza en una carretera. Para cargar las seis pimpinas, hace dos viajes. "Ya se vuelve una rutina. Uno tiene que saber administrar el agua que lleva para preparar comida, lavar, bañarse y para usar en el baño. Nos toca hacerla rendir porque aquí en el llenado tampoco hay agua todos los días", señala el sanantoniense.

Aunque son muchas las personas que acuden en busca de agua a los puntos de llenado peatonal que están habilitados en San Antonio, otras familias con mayor poder adquisitivo optan por comprar el preciado líquido a los propietarios de camiones cisterna que ofrecen ese servicio. El precio del cisterna puede oscilar entre los 30 mil y 60 mil pesos, dependiendo de si tiene capacidad para 5 mil, 6 mil, 8 mil litros o más.

Ante la precariedad del servicio por las tuberías, el suministro de agua con camiones cisterna privados se ha convertido en una forma de subsistencia para muchas personas en los municipios fronterizos, ya que no solo surten agua a residencias, sino también a empresas y fábricas que requieren del preciado líquido para los procesos productivos que desarrollan.

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