En Zorca le ruegan a Dios que no llueva

Romel Ramírez | La Prensa del Táchira.- La tempestad de la noche hace que el pequeño hijo de Diliannys Bonilla despierte en llanto. Y es que todo lo que vivieron aquel 10 de noviembre de 2020 dejó un trauma sobre el infante de apenas año y medio. La escuela que les sirve como refugio está a poco más de 50 metros de la quebrada, y al caer la lluvia la mirada de la madre sobre la quebrada la Zorquera no deja de ser directa ante la posibilidad de una nueva tragedia. 

Diliannys vivió una historia de terror. Rápidamente el agua ingresó a su casa y sin darse cuenta quedaron atrapados en su vivienda. La presión del agua no los dejaba salir por la puerta y tuvieron que salir rompiendo el techo para luego saltar hasta la calle, que en ese momento era parte de la quebrada. Con una soga y la ayuda de los vecinos se lanzaron al vacío ella, su esposo y su pequeño hijo. Esta situación marcó a su pequeño, quien ni en los brazos de su madre logra la paz que tenía antes de aquel incidente. 

La precariedad que vive el poblado es evidente sólo al llegar, la carretera da la bienvenida con baches, numerosos desniveles y tramos enteros de tierra. Al adentrarse a la comunidad la realidad se endurece, donde antes había hogares ahora sólo quedan ruinas.

La comunidad en general vive un calvario, sus limitados recursos económicos les han impedido recuperarse de aquella desgracia, además los servicios públicos en el sector son aún más deficientes que en el resto de la región.

Los cortes de luz son diarios y prolongados, de entre seis y siete horas seguidas, y como si fuera poco un importante porcentaje de los hogares perdió sus electrodomésticos en la inundación y desde hace meses no se les ha proporcionado gas doméstico, por lo que cocinar a leña se convirtió en la cotidianidad de las familias cuando se va la luz. 

Como el caso de Carolina Alvarado, la mayoría de sus comidas las prepara con leña. Fueron tan significativos los daños estructurales que sufrió su vivienda, que ni siquiera luz eléctrica tiene de forma permanente, dos bombillos alumbran su hogar a duras penas, ya que la electricidad que le llega proviene de la extensión de un cable que un vecino le da.

Algunas de las paredes, al ser destruidas por la fuerza de las aguas de la quebrada, tuvieron que ser "reconstruidas" con latas, por lo que la intemperie se apoderó de su pequeño hábitat. 

Tratan de sobrevivir

En los sectores de San Isidro y Providencia el tiempo se detuvo. Los habitantes comentan que están exactamente igual que el día del desbordamiento de la quebrada, sólo que sin la poca ayuda gubernamental que hubo por aquel entonces. 

Vinicio Prato narró lo ocurrido aquel día como el peor de toda su vida; sin embargo, los obstáculos que debe sortear actualmente asegura que no se comparan en nada de lo que haya vivido a lo largo de sus 65 años.

"No tengo un empleo, sobrevivo con los pocos trabajos de construcción a los que me llaman, mis ingresos económicos son limitados y buscar la papa todos los días resulta complicado".

En las dos horas que duró la lluvia, la mitad de su propiedad fue arrastrada por la corriente. Ahora sólo vive con una colchoneta y se viste con prendas que le han donado diferentes personas en una casa sin entrada o paredes exteriores, esperando la ayuda prometida por Freddy Bernal, quien se comprometió a ayudar al señor Prato dándole materiales de construcción para rehacer su casa. Seis meses después de la tragedia, nada de esto ha ocurrido.

De igual forma, Alirio Parra, vecino de la comunidad y quien también sufrió daños en su vivienda, asegura que debe comenzar de cero. "Toda mi vida tuve dificultades económicas, pero las pérdidas que sufrí en la inundación me dejaron solo con la casa y al final de mi vida me toca empezar de cero con mi familia", dijo. 

José Useche manifestó su indignación comentando que la ayuda sólo duró seis días. "La mañana siguiente del desbordamiento de la quebrada todas las autoridades estaban presentes, representantes gubernamentales y distintas ONG concomida, colchones y ropa. No vinieron más, se sacaron las fotos, hicieron propaganda política con ellas y nunca más volvieron".

Por difícil que parezca, hay vecinos que la pasan aún peor. En lo más alejado de Zorca se encuentra San Joaquín, para ellos la catástrofe es aún mayor. La inundación perjudicó sus viviendas, muchos quedaron sin nada y unos pocos meses después un leve temblor ocasionó que los cerros ya afectados por las constantes lluvias se vinieran abajo y dejaran la zona completamente incomunicada. 

Al pasar las semanas y con el arduo esfuerzo de todos los vecinos, se construyó un improvisado camino por encima del derrumbe. Una vía inestable, peligrosa y de difícil movilidad, pero lamentablemente muy transitado, al ser el único acceso de entrada y salida los ciudadanos se ven obligados a cargar numerosos costales por el improvisado sendero, con el fin de abastecer a sus familias con productos de primera necesidad.

En esta localidad vive la señora Audelina Bonilla y sus hijos, quienes perdieron parte de la casa y todos sus vehículos, ahora sólo son un cementerio de escombros, no esperan ayuda, saben que no la obtendrán, sólo le rezan a diario a Dios para que la tempestad no vuelva, puesto que sus humildes casas fueron reconstruidas con latas de zinc y saben que de volver a repetirse quedarán damnificados esperando ayudas del gobierno, como las que requerían sus vecinos hace 12 años.

Incomunicados 

Otro de los problemas que padecen es la falta de comunicación. Tanto llamadas como el acceso a internet, a pesar de estar ubicados dentro del área metropolitana de San Cristóbal, es prácticamente nulo. Sólo son pocos los privilegiados que pueden acceder a ellos y a medida que se adentra en la zona, la situación empeora.

Ancianato de pie 

En el ancianato el nivel del agua logró alcanzar más de dos metros y medio destruyendo todo a su paso. Gracias a la ayuda gubernamental y la caridad de los vecinos en tan sólo 15 días la casa de reposo para adultos mayores fue habilitada nuevamente, regresando la felicidad a sus alegres y amables residentes.

Una tragedia 

La vida es dura para Yamilet Rivera, damnificada de los desastres ocurridos en Zorca, padece un carcinoma de células escamosas con pérdida de paladar en el lado derecho. En un inicio no fue damnificada. Un leve temblor dejó su casa bajo tierra. Los golpes recibidos por el agua de la quebrada dejó debilitada su estructura y ese movimiento telúrico terminó de colapsar todo.

Damnificados a la deriva

Después de la tragedia, quienes perdieron su hogar fueron llevados a la escuela de la localidad. 

En un inicio eran 12 familias, con el pasar de las semanas y ante la inacción de las autoridades, muchos damnificados fueron ayudados por sus familias para salir de las malas condiciones en las que habitaban.

Actualmente, sólo seis grupos familiares permanecen allí, comparten un solo baño para 12 personas. 

La luz es el principal problema, ya que cada salón (habitación) sólo tiene una toma eléctrica y estas a su vez se alimentan de una sola cuchilla eléctrica, que no tiene el amperaje necesario para tanto consumo. 

Es un peligro.

Desesperados por salir y con el temor que las promesas hechas no se cumplan, cada familia 

enfrenta las vicisitudes de su condición esperando lo mejor, pero preparados para lo peor.

Gobierno sin darles una solución

Los habitantes de Zorca han denunciado en diferentes oportunidades que luego de la tragedia las soluciones no han llegado. Están viviendo en condiciones deplorables porque sus casas están destruidas. Piden ayuda gubernamental y soluciones, ya que no quisieran pasar el resto de sus vidas en un refugio. El señor Vinicio comentó que Freddy Bernal le prometió materiales de construcción, ya que durante la inundación quedó la mitad de su hogar, dos habitaciones, la sala y la entrada de la casa se perdieron aquel día, además de documentos y fotografías valiosas. 

A los damnificados les prometieron terrenos y apoyo económico para construir. Llevan seis meses en una escuela y temen permanecer ahí de por vida.

La quebrada fue canalizada, pero según los vecinos no de manera correcta. Al llegar las lluvias manifiestan sentir gran temor, porque se escucha cómo las rocas golpean con fuerza los bordes de su propio canal.

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