Migrantes: "El hambre nos está sacando de Venezuela"

José Gregorio Hernández | La Prensa Táchira.-  "El hambre nos está haciendo salir de Venezuela", dice Hortensia López, con 58 años encima, luego de haber caminado durante 28 días desde San Juan de Los Morros, estado Guárico, hasta la frontera con Colombia, mientras que a unos cuantos kilómetros de distancia pero de nuevo de regreso a su patria, procedente del país neogranadino, Karina Pérez, 42 años, con sus dos hijos y sin prácticamente medio en el bolsillo, replica "eso está feo, no conseguimos cómo sobrevivir, ni nada de eso".   

Son las historias de dos mujeres venezolanas, que como miles de connacionales angustiados por la crisis que vive el país han abandonado su casa, rumbo hacia otras naciones en busca de mejores oportunidades de vida, para subsistir ellos y ayudar a sus familias que se quedan en Venezuela.

Al igual que Hortensia, miles de venezolanos, unos con más recursos económicos, formación y posibilidades que otros, pero con la ilusión de conseguir un futuro mejor, recorren todos los días, bien sea caminando o en transporte colectivo o particular, la carretera que va desde el centro del país hasta la frontera con Colombia, para quedarse en suelo neogranadino o seguir la ruta hacia otras naciones.

Hasta antes de la pandemia del Covid cuando la frontera estaba abierta peatonalmente, las autoridades migratorias colombianas estimaban que unas 30 mil personas cruzaban diariamente los puentes internacionales "Simón Bolívar", "Francisco de Paula Santander" y "Unión", que comunican a los dos países por el límite de Táchira con Cúcuta. Tras el cierre de estos pasos formales, la estampida de venezolanos ha continuado, sin embargo, para los entes oficiales ha sido difícil llevar el registro debido a que los migrantes cruzan la frontera por las distintas trochas del río Táchira.   

El tránsito de migrantes o "caminantes" como también les denominan sigue siendo tan numeroso que diferentes organizaciones no gubernamentales y otras dependientes de la ONU, han instalado centros de atención y refugios en la ruta de la frontera, a fin de brindar algún tipo de ayuda a una parte de los que salen, pero también a los que como Karina, regresan desilusionados y con las manos vacías.

"Vamos peor de lo que veníamos"  

Con los zapatos gastados de tanto caminar y el rostro tostado por el sol, a Karina Pérez la conseguimos sentada descansando con sus hijos de uno y trece años sentados a la orilla de la carretera que conduce hacia la población fronteriza de San Antonio del Táchira. Habían salido a las seis de la mañana de la localidad colombiana de La Parada, de retorno hacia Venezuela, atravesando el río Táchira por una de las tantas trochas que hay en la zona limítrofe. "Está horrible", dijo al referirse a lo complicado que se vuelve con las fuertes lluvias el paso por los caminos verdes, mientras mostraba sus zapatos desgastados y sucios por el barro. 

Se dirigen caminando hacia los Valles del Tuy, región capital venezolana, de donde salieron hace dos años, rumbo hacia Colombia, Narra que en ese entonces llegaron caminando y permanecieron entre La Parada, municipio Villa del Rosario, y Cúcuta, capital Departamento Norte de Santander. Karina se regresó porque no consiguió trabajo. "Eso está feo, no conseguimos cómo sobrevivir, ni nada de eso. Nos vamos para San Cristóbal para luego regresar a los Valles del Tuy", dice.

"Nos fue difícil conseguir trabajo, porque somos venezolanos. Por los errores que cometen unos, pagamos todos", expresa al referirse a los desmanes que han cometido ciudadanos venezolanos en el país vecino. Pérez dice que solo conseguían trabajo botando basura, barriendo los frentes de las casas., pero cuando no conseguían alguna oportunidad de empleo pedían limosna y alguna gente también los ayudaba. 

Afirma que se fue a Colombia porque otros venezolanos decían que en ese país la situación era mejor "pero yo no veo esa mejoría. Nosotros vamos peor de como veníamos".

Describe que vivían en una habitación arrendada, pagando entre 3 mil y 5 mil pesos diarios por persona. Apenas disponían de una colchoneta, el baño y una cocina. "Vinimos a Colombia porque otros venezolanos decían que en ese país la situación era mejor pero yo no veo esa mejoría. Nosotros vamos peor de como veníamos", afirma la madre de familia y cabeza de hogar.

"A todos nos está sacando el hambre"   

Por la carretera que desde San Cristóbal conduce hacia Capacho y llega hasta la frontera colombo-venezolana diariamente transitan centenares de venezolanos que salen del país en busca de mejores oportunidades. Quienes tienen dinero viajan en transporte colectivo o carros particulares hasta San Antonio, pero muchos otros lo hacen caminando porque no cuentan con recursos económicos, haciendo escalas de pueblo en pueblo, durmiendo en plazas, alrededores de iglesias o corredores de viviendas o establecimientos que están a orillas del camino.

Bajo el sol o la lluvia caminan kilómetros tras kilómetros. En esa odisea encontramos a Hortensia López, quien viaja desde San Juan de Los Morros, estado Guárico, acompañada por siete adultos, cinco niños y un perro negro llamado "chispa". Llevan 28 días caminando y se dirigen a Cali, Colombia. 

"Lo que hay aquí es hambre, miseria, pobreza y anemia. Eso es lo que hay aquí, gracias a Maduro. Él debiera de ver todos los problemas de los caminantes y ayudar a toda esta gente. Porque a todos nos está sacando es el hambre. Más nos ayuda Colombia y los hermanos colombianos", dice la mujer, quien ya tiene la experiencia de haber estado en ese país pero se vio obligada a regresar el año pasado porque le habían invadido la casa que tiene en un barrios de San Juan de Los Morros.

"Sabe lo que son 28 días caminando, comiendo de lo que la gente le regale a uno, estando en nuestro país que es rico en oro, minerales, pero cómo nos acabaron nuestro país bonito. Eso no se comprende", reflexiona la agotada mujer.

"Trabajar con mucha honra"

Edgar Hernández también viaja desde San Juan de Los Morros. El joven dice que trabajaba en el Instituto Regional del Deporte. "Voy caminando hacia Colombia porque el sueldito que yo ganaba, el sueldo mínimo, no me alcanza ni para comprar una harina, menos para comprar un par de zapatos, ni nada. Tengo a mi familia allá pasando hambre, mi mamá trabaja en la Clínica Regional del Deporte, mi papá también, pero con los tres suelditos que nosotros ganamos no nos compramos nada, ni siquiera un pollo, ni un pedazo de carne, nada", reitera al referirse al insuficiente ingreso familiar y argumentar las razones por las que se va de país. 

"Por eso me vine resteado, con mi tía, para Colombia, para trabajar y poderle mandar algo a mi mamá para que ella pueda subsistir". Su tía tiene casa en Cali, sin embargo, él piensa llegar hasta Medellín donde está una hermana, para allí "trabajar con mucha honra". El fin es conseguir trabajo y portarse bien.

Narra que durante los días que llevan caminando, han comido de lo que la gente les da. En sus manos lleva una olla, con dos huevos que por el momento son la ración alimentaria. El color de la vasija no se reconoce de tanto carbón que tiene en su parte exterior, por el efecto de tener que cocinar con leña los alimentos que la gente da a los migrantes o caminantes.

Hernández confía en encontrar mejor fortuna en territorio colombiano. "Nosotros somos venezolanos a mucha honra. Yo amo a mi país, pero tenemos que irnos de aquí en busca de un mejor futuro para nuestras familias y nuestros hijos", afirma al tiempo que se queja del mal trato que dicen haber recibido por el camino de parte de algunos militares y policías. "Lo que hacen es reírse de uno porque está caminando. Los Guardias lo que hacen es humillarnos y decirle a los gandoleros que no nos den la cola, porque estanos abandonando la patria", expresó finalmente el caminante.

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