Nos mantenemos gracias a la providencia de Dios

Sor Dolly Aristizabal

En la ventana estoy más cerca de la vida de afuera

German Quintero

Hay que portarse bien porque aquí todos nos ayudan

Eufrasio Uzcateguí

Cuando se acabe el coronavirus salgo a buscar trabajo

Luis Carlos Acevedo

A todos los que puedan ayudar con traer medicinas y comida le agradecemos

José Orlando Gamez

Cada vez que puedo traigo comida y dinero

Betty De Pablos Marquina

Solo Dios se acuerda del ancianato Medarda Piñero

Carlos A. Ramírez B. | La Prensa del Táchira.- Vivir del diario a la espera de la llegada de los benefactores es el ritual continuo de la Casa Hogar Medarda Piñero en San Cristóbal, su directora, Sor Dolly Aristizabal asegura, mirando al cielo en cada palabra, que el centro de acogida para los viejitos se mantiene "gracias a la providencia de Dios". 

La casa hogar actualmente mantiene a 23 ancianos quienes en su mayoría ya cumple entre 4 años y 17 años en el recinto. Sor Aristizabal, destaca que mantiene 5 religiosas como personal diario operativo y 2 personas adicionales, quienes en colaboración, hacen las comidas diarias que se reparten, no solo dentro del albergue, sino a más 50 personas desprotegidas que llegan a la casa hogar buscando alimentos.

"En la casa hogar se asisten a los ancianos en todas sus necesidades y se les da el desayuno, almuerzo, merienda y cena (...) además todos los días se acercan a nuestra puerta personas pidiendo comida y gracias a Dios alcanza para darles a ellos también (...) en total entregamos comida para más de 50 personas".

La directora destacó que las ayudas de instituciones públicas no llegan y que "solo ocasionalmente" el apoyo de las empresas privadas se presenta en la casa hogar. "Todos los días llegan las personas y con papelitos nos dejan su donativo (...) dinero, comida, medicinas y todo lo que desean regalar a cambio de plegarias por sus familiares y amigos". 

Sor Aristizabal afirmó que debido a la pandemia no dejan que los ancianos que residen en la casa salgan y por ende, no permiten que otros ingresen, ello con el propósito de evitar el contagio que "sería terrible" para quienes allí habitan. "Nos mantenemos con un cuidado estricto y así no nos enfermamos".

La directora hace un llamado a todas la comunidad regional que quiera ayudarlos con medicinas, comida, ropa, cobijas. "Dios les recompensará cada aporte". 

Agradecimientos infinitos

German Quintero tiene actualmente 77 años, ha vivido en la casa hogar durante 17. En la época en que estaba activo se desempeñó como zapatero y conserje. "De repente me enferme y rezaba todos los días en la iglesia de la Táriba (...) le rezaba a la virgen de La Consolación hasta que un señor se apareció y me dijo que viniera para el ancianato (...) y aquí estoy donde siempre me han tratado bien y nos dan comida". 

Quintero está siempre cerca de la venta que da a la carrera 10 de San Cristóbal, donde está ubicado el refugio para los ancianos, desde ahí, dice: "estoy más cerca de la vida de afuera". 

Eufrasio Uzcateguí fue un obrero que trabajo en distintas construcciones del estado. Hoy con 80 años agradece los buenos tratos que ha recibido durante los últimos cinco años. Asegura que de un momento a otro no tenía donde vivir y encontró esta casa una vez que se acercó a pedir que comer. "Ahora en semana santa cumplo ya los cinco años y solo he recibido bendiciones (...) hay que portarse bien porque aquí todos nos ayudan".

"Aquí todos ayudamos en la limpieza (...) nos dan las medicinas que la gente trae y comemos (...) las monjitas nos ayudan y aquí pasamos los días a veces jugando dominó, como a mí nadie viene a visitarme habló con todos". 

Luis Carlos Acevedo espera que termine la pandemia lo más pronto posible. Dice mientras se quita el tapabocas para que cada palabra se entienda con mayor claridad. Dice que tiene 70 años y que es chofer y vigilante. "Cuando se acabe el coronavirus salgo a buscar trabajo (...) soy chofer de todo carro y antes de la pandemia cuidaba galpones y ya había estado aquí antes y me regresé.

Acevedo tiene siete años entrando y saliendo de la casa hogar. "Cada vez que tengo trabajo salgo otra vez a la calle para que otro entre". 

El músico José Orlando Gamez tiene 73 años de edad y una lesión en la cadera sufrida por una caída hace tres años. Gamez contó que en su juventud fue parte de grupos musicales en el país. "Con el tiempo deje ese trabajo y me puse hacer otras cosas para ganar mejor". 

Gamez agradece el trato que el dan y las medicinas que todos los días le quitan el dolor. "A todos los que puedan ayudar con traer medicinas y comida le agradecemos (...) eso nos ayuda a todos y así podemos comer todos los días". 

Héroes y heroínas

Betty De Pablos Marquina es una benefactora que constantemente ayuda con dinero a la Casa Hogar Medarda Piñero. Su historia con el centro de acogida data de hace 15 años cuando uno de sus hermanos recibió la ayuda de quienes en esa época dirigían la casa. 

Marquina suspira antes de comentar que su hermano murió y que siempre, en cada visita que recibía, no se cansaba de decir que los tratos eran excelentes y que se sentía como en su propia casa. "Nunca se quejó y siempre estuvo feliz el tiempo que estuvo aquí (...) desde que murió, hace diez años, cada vez que puedo traigo comida y dinero (...) ellos se lo merecen, hay que ayudarlos (...) ellos no tienen nada". 

La benefactora asegura que todos los días, al igual que ella, llegan personas a dejar "lo poco o mucho que tienen (...) es una casa donde ayudan a los viejitos (...) hay que decirle a la gente que traiga también medicina que Dios se lo va devolver (...) Dios les pague a todos los que ayudan". 

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