Pese a su discapacidad lucha por salir adelante

Fabiola Barrera | La Prensa Táchira.- Para José Antonio Peña, la vida le cambió hace once años, tras recibir un tiro que lo dejó en sillas de ruedas. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para seguir con su vida y llevar a cabo actividades que muchos creen que por su condición no puede ejecutar. 

El joven quien trabaja en un autolavado aún no sale de su asombro, cuando la gente duda de que él sea capaz de lavar un carro estando en silla de ruedas. "Hay que echarle ganas todos los días. Mucha gente lo ayuda a uno". 

Con 27 años, cuenta que jugando fútbol, el 17 febrero del 2010 en su antigua residencia ubicada en el barrio Marco Tulio, recibió en su humanidad una bala perdida que lo dejó imposibilitado de usar sus pierdas. "Me afectó mucho que la bala no salió y me aplastó la médula". 

Comenta que antes del hecho ya trabajaba, pues asegura que sus abuelos le inculcaron el amor por el trabajo, pero también estudiaba, labor que abandonó tras el hecho. 

Gracias al deporte 

Explica José Antonio que lo más difícil que le ha tocado vivir es acostumbrarse a la silla de ruedas y a aprender a trabajar con ella. Asegura que gracias a que formó parte de la selección paralímpica regional de básquet de Táchira y Venezuela, recibió formación que se le ha servido para valerse por sus propios medios. 

"Cuando caí en silla de ruedas a mí me hacían todo. Pero uno debe aprender a valerse por sí sólo y un amigo me llevó a jugar básquet con sillas de ruedas y ahí me di cuenta que no hay nada imposible". 

Destaca que tras tres meses en intensivos en el estado Lara con la selección, aprendió a defenderse en su silla. "Ahí nos enseñaron a subirnos en las busetas, escaleras y a defenderse uno solo". 

Con nostalgia recuerda que gracias al deporte conoció países como México, Argentina y Turquía, a donde fue a campeonatos de básquet paralímpicos. "Nosotros viajábamos solos, nadie le hace nada a uno porque la idea es que uno se defienda solo". 

Asegura que tras retornar al Táchira, decidió aplicar todo lo aprendido durante su época de deportista e iniciarse en un trabajo. 

Indica que su silla, que es tipo quickie, forma parte de su cuerpo, por lo que procura hacerle mantenimiento cada vez que puede. "Con esta silla yo me defiendo. Antes tenía un tractor de esos grandes y uno en esas tiene muchos problemas para trabajar por lo grande que es". 

Aunque trabaja a diario, aún no ha podido reunir el dinero necesario para adquirir una silla nueva, ya que son muy costosas, por lo que procura repararla y mantenerla en las mejores condiciones que puede, pese a que el agua del autolavado le deteriora las piezas metálicas. "Por arreglarla y dejármela como nueva me están cobrando 450 mil pesos". 

Experto lavador

Entre risas asegura que nunca ha rayado la latonería de un vehículo, a pesar de lo próximo que está de estos con su silla. "Usted me mira y se da cuenta que no se lo toco. Gracias a Dios nunca han llegado a reclamarme por un rayón en un carro". 

Muchos de sus clientes, la primera vez que van, miran escépticos el hecho de que pueda, en una silla de ruedas, lavar un vehículo. Explica que para lavar el techo es un poco complicado, por lo que si hay alguien que lo pueda ayudar, le deja esa tarea, de lo contrario improvisa con palos de escoba una extensión que le sirva para llegar al mismo y limpiarlo. "Por eso no me detengo, yo busco como solucionar", dijo. 

Asegura que muchas personas le motivan a seguir trabajando, pues pese a su discapacidad se mantiene activo. "La silla no me pone límites. Yo así como me ve también pinto, paso guadaña, arreglo motos". 

Lamenta que haya muchas personas que aunque se encuentran sanas y en lugar de trabajar de dedican a mendigar o a delinquir. "Hay gente que se queja por todo y haciendo lo malo y pidiendo. Todo está dentro de uno mismo". 

Espera que la gente le ayude para arreglar a su consentida, como le dice a la silla. 

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