Cuando un abuelo se enferma, se busca resolver con los familiares, pero cuando no tienen seres queridos, la institución debe solventar

Rita Coromoto Sánchez

Directora de la Fundación Padre Lizardo

Cuando uno abuelo se enferma contamos con un espacio donde hay dos camas con oxígeno, con termómetros, tensiómetros y paliativos necesario para la atención prehospitalaria

Cesar Rosales

Colaboradora

Espero seguir creciendo profesionalmente y espiritualmente, donde durante este tiempo me he podido encariñar con los abuelos

Omar Ontiveros

Coordinador del servicio asistencial

A veces se siente una como deprimida, como triste, pero no hay que dejarse llevar por eso

Adarsainda Cáceres

Abuela

En medio de la pandemia nos han protegido mucho

Mayela Gomez

Abuela

La rutina es la misma todos los días, y ha sido todo muy bonito

Julia García

Abuela

Geriátrico Padre Lizardo un lugar para la caridad y el servicio

Maryerlin Villanueva | La Prensa de Táchira.- Una cálida calma es lo que se respira en las instalaciones de la Fundación Padre Lizardo, ubicado en el sector de Pirineos, en el municipio San Cristóbal, que alberga a más de 60 adultos mayores.

Con una plantilla de nueve colaboradores, estas personas trabajan diariamente en la elaboración de alimentos, limpieza de áreas, y atención para los abuelos que ven este lugar como su nuevo hogar y desde donde no se quieren ir.

Por motivos de la pandemia del covid-19, las visitas no están permitidas, por lo que con previa cita y autorización, al equipo de la Prensa del Táchira le fue concedido el acceso para conocer más de cerca la realidad en este acogedor lugar.

Solo basta estacionar el vehículo para comenzar a sentir la paz que lo caracteriza, pues el sonido de algunos pájaros y el ruido de las hojas de los árboles es lo que se oye en esta zona, siendo esto el regocijo de los lugareños.

Al cruzar la puerta, la desinfección de manos y pies es implacable, todo con el fin de minimizar el riesgo de contagio en algún hombre o mujer de este sitio, que de acuerdo a la OMS forman parte de la población vulnerable.

Rita Coromoto Sánchez, está al frente de la dirección de la fundación desde hace cuatro años, señalando que es una labor muy exigente que va de domingo a domingo.

De estatura alta, cabello blanco y con una sonrisa que se hace notar pese a usar tapabocas, está pendiente de todos y cada uno de los integrantes de esta numerosa familia con edades comprendidas a los 60 años.

Relató que viven de la contribución de las familias y pocas ayudas que ofrecen la Organizaciones No Gubernamentales para poder costear los gastos de alimentación y medicamentos que tanto demandan los abuelos.

"Cuando un abuelo se enferma, se busca resolver con los familiares, pero cuando no tienen seres queridos, la institución debe solventar, y para ello, con la ayuda del Hospital San Antonio, se logran hacer exámenes, consultas y algunos medicamentos" expresó.

Sánchez detalló que de 60 adultos mayores, 14 no tienen parientes que puedan hacerse cargo de ellos, sin embargo, este centro ha brindado toda la ayuda posible para darles una buena acogida.

"Es un trabajo que está por encima de todos, porque además de lo humano que hay que tener, se debe tener fe, amor y entrega, donde nosotros vemos en ellos a Cristo, y ellos vean en nosotros unos mensajeros de Dios en la tierra que los atienden" apuntó.

El día a día 

El día comienza muy temprano. A las cinco de la mañana, los abuelos son llevados a bañar y hacer sus necesidades, para luego a las ocho de la mañana comer el desayuno. La hora del almuerzo está pautado a las 12 y media del día y la cena a las seis de la tarde.

La toma de tensión y temperatura tanto a los hombres y mujeres se realiza todos los días. De forma semanal, un médico especialista en geriatría y psicología acude para evaluar a las personas.

El colaborador Cesar Rosales comentó que una vez al mes, miembros de la tienda Joine, les cortan el cabello, algunas damas se les pinta y se les da un "cariñito" para que sirva de confort.

Cuando un abuelo ingresa, a uno o dos familiares se les exige que sean responsables de sus medicinas y consultas externas sí así lo requieren.

"Cuando uno abuelo se enferma contamos con un espacio donde hay dos camas con oxígeno, con termómetros, tensiómetros y paliativos necesario para la atención prehospitalaria necesaria" expresó.

Indicó que hay abuelos autosuficientes, otros en cama, otros en silla de ruedas, otros con bastón, y pese a ello, los colaborares trabajan arduamente para brindar atención a todos por igual.

"Darle desayuno, almuerzo y cena a 60 personas no es tan fácil, es una labor muy dura, así como el mantenimiento de cada área que tiene esta estructura" indicó.

El lugar cuenta con capilla, donde se ofrece la eucaristía por parte del capellán, los jueves se hace la hora santa y se reza a diario el rosario.

Además, cuenta con un gimnasio, donde hay bicicletas y algunas máquinas que permiten que realicen diversas actividades y de esta forma puedan ejercitarse.

"Aquí se sientan acompañados, que se sientan queridos y no se descuidan, y para ello, se evalúa constante su masa corporal desde que llega y cada dos meses" apuntó.

Los adultos que son recibidos en este lugar, deben ser mayores de 60 años, pero si cuenta con alguna discapacidad, se evalúa el caso.

El coordinador del servicio asistencial, Omar Ontiveros, cuenta con más de tres años laborando en el geriátrico, siendo una experiencia educativa, donde aprenden cosas buenas todos los días.

"Espero seguir creciendo profesionalmente y espiritualmente, donde durante este tiempo me he podido encariñar con los abuelos, pues vemos al adulto mayor como si fuera parte de la familia de una" añadió.

El sitio cuenta con un ropero, donde tienen artículos a la venta a todo público y donde los recursos sirven para la compra de medicamentos y alimentos para los adultos mayores.

Felices y contentos 

Con una risa inmensa, Adarsainda Cáceres, de 85 años, manifestó sentirse muy bien en su nuevo hogar, en compañía de sus compañeras y amigas.

"A veces se siente una como deprimida, como triste, pero no hay que dejarse llevar por eso, hay que ir hacia adelante y aquí nos trata muy bien a todos nosotros" añadió.

A la par, en medio de risas, Mayela Gómez, de 70 años, comentó que no quiso ser una carga para sus hijos y por ello está en el lugar.

"En medio de la pandemia nos han protegido mucho, tengo un nieto que lo vi cuando tenía un mes y ahora, tiene 14 meses, desde entonces no lo he vuelto a ver" acotó.

Julia García, ingresó a los 56 años al lugar, hoy día, tiene 75. Dijo que nunca se casó, y las monjas hicieron una excepción al recibirla hace casi 18 años.

"La rutina es la misma todos los días, y ha sido todo muy bonito, una ayuda en lo que puede, pues me gusta colaborar echándole agua a las maticas, comida a los perros, o lavando los platos" agregó.

Miembros de la Fundación piden a las persona colaboración, en cuanto a medicinas, alimentos y ropa, la cual es destinada a la atención y confort de los 60 abuelos que residen en el lugar.

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