Olas de protesta en Rusia en apoyo al opositor Navalny 

Agencias | La PRENSA del TÁCHIRA.- Alexei Navalny, principal opositor al Gobierno ruso, se sienta en el banquillo de los acusados en un juicio que le puede acabar costando tres años y medio de cárcel -menos 10 meses que ya ha cumplido en arresto domiciliario-. 

Lo que lo lleva ante la justicia es un viejo caso de blanqueo de capitales y la acusación de haber violado varias veces la libertad condicional. 

Pero, más allá de su pena particular, el proceso tiene en vilo a Rusia porque viene acompañado de un enorme movimiento popular de apoyo al disidente y de censura al Ejecutivo.

Rusia se remueve. Es el país más extenso del planeta y el tercero en reservas petroleras. Tiene uno de los mayores arsenales defensivos -incluyendo armas atómicas-, lo que la convierte en la segunda potencia armamentística mundial. 

Su influencia global es indudable, pero mengua cada día. Y sus problemas internos crecen, erosionando el perfil de su presidente, Vladimir Putin, obsesionado con mantenerse en el poder. 

Navalny, detenido recientemente tras regresar al país después de un supuesto intento de envenenamiento por parte del Kremlin, han salido a la calle para reclamar un cambio al timón.

Un grito que suma descontento popular por la falta de libertades y la persecución de disidentes, enfado por las carencias en servicios esenciales y la economía a la baja y desgaste, como en todo el mundo, por la pandemia de Covid-19. La pregunta es si esta ola es suficientemente rabiosa como para acabar con Putin. La respuesta, a día de hoy, es "no".

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