Líder del golpe de estado en Birmania es un genocida

Agencias | La PRENSA del TÁCHIRA.- El jefe del Ejército birmano, el general Min Aung Hlaing, acusado de liderar el supuesto genocidio contra la minoría musulmana rohinyá, ha acabado sin disparar un tiro con la frágil e imperfecta democracia de Birmania (Myanmar) a pocos meses de su décimo aniversario.

El general, que tenía previsto retirarse al cumplir 65 años el próximo julio, se ha asentado en el poder desde que el pasado lunes dio un golpe de Estado, detuvo a la líder de facto del país, Aung San Suu Kyi, y declaró un estado de emergencia durante todo un año.

Su última embestida contra sus antecesores ha sido la presentación hoy de cargos por parte de la Policía contra Suu Kyi por violar una ley comercial, al poseer en su casa un aparato de comunicación telefónica importado ilegalmente y reservado para uso militar o gubernamental, lo que puede suponerle una condena de tres años de cárcel.

En su afán por descabezar a sus rivales políticos, el Ejército de Min Aung Hlaing también ha logrado que la Policía presente cargos contra el depuesto presidente, U Win Myint, acusado de quebrantar las restricciones contra la pandemia de covid-19.

Min Aung Hlaing ha afirmado que tuvo que dar el golpe de Estado debido al supuesto fraude electoral cometido en las elecciones del pasado noviembre que dieron una victoria aplastante a la Liga Nacional para la Democracia (LND) de Aung San Suu Kyi.

Las acusaciones del supuesto fraude han sido desmentidas por la Comisión Electoral, mientras que observadores internacionales indicaron en el pasado que los comicios habían sido libres.

El jefe de las Fuerzas Armadas ha prometido la celebración de nuevas elecciones y que cederá el poder después, mientras que la ONU, la Unión Europea y un gran número de países han ido condenando en cadena el alzamiento militar.

UNA CARRERA LABRADA A LA SOMBRA

De carácter reservado y con ambiciones, Min Aung Hlaing se ha labrado una carrera dentro del cuerpo castrense bajo la sombra durante muchos años del poderoso jefe de la anterior junta militar entre 1992 y 2011, Than Shwe.

Su legado militar incluye negociaciones de alto el fuego con algunas guerrillas de las minorías étnicas y despiadadas campañas militares en las que sus tropas han sido acusadas de asesinato de civiles, violaciones y otros abusos.

Min Aung Hlaing nació el 3 de julio de 1956 en la ciudad sureña de Tavoy (actualmente conocida como Dawei) y, tras estudiar dos años de Derecho en la Universidad de Rangún, ingresó con 18 años en la Academia Militar.

El militar fue destinado a la división de infantería comandada por Than Shwe, un coronel que se convertiría en el jefe de la junta militar en 1992.

En 2002 fue ascendido a comandante en el noreste del país, donde negoció el alto el fuego con dos grupos armados de las guerrillas, incluido el poderoso Ejército Unido del Estado Wa.

Ocho años más tarde, comandó las tropas que atacaron al grupo armado de la etnia kokang, Ejército de la Alianza Nacional Democrática de Myanmar, cuando este se negó a integrarse en las Fuerzas Armadas birmanas.

Los soldados del Tatmadaw (Ejército birmano) fueron acusados de violaciones de los derechos humanos contra la población civil en la ofensiva, que provocó la huida de 37.000 personas a China.

Than Shwe, que dirigió el país con puño de hierro durante casi dos décadas, nombró a su protegido Min Aung Hlaing su sucesor como jefe de las Fuerzas Armadas, a pesar de que había otros militares más veteranos que él.

El joven líder militar se adaptó bien en su cargo durante los primeros años de la transición hacia una "democracia disciplinada" en la que el Ejército controlaba el 25 % de los escaños del parlamento, así como los importantes Ministerios de Defensa, Interior y Fronteras.

INTERESES ECONÓMICOS

Min Aung Hlaing también cultivó sus intereses económicos a través de las empresas controladas por el Ejército, con intereses en una decena de sectores que incluyen lucrativas minas de jade y rubíes. Al menos dos de sus hijos, Aung Pyae Sone y Khin Thiri Thet Mon, también han iniciado sus propios negocios a la sombra del padre.

La nobel de la paz Aung San Suu Kyi, que llegó al poder tras ganar las elecciones de 2015, se cuidó de mantener un equilibrio para gobernar sin molestar a los militares, especialmente al jefe del Ejército.

LIMPIEZA ÉTNICA

Min Aung Hlaing, un acérrimo nacionalista, proclamó públicamente que los rohinyá no son una minoría étnica del país sino inmigrantes de Bangladesh, y justificaba que se les negara la ciudadanía y otros derechos. 

En 2017, tras el ataque de un grupo guerrillero rohinyá, el Ejército lanzó una campaña militar contra esta minoría en el estado Rakáin (oeste), por la que Birmania fue acusada de presunto genocidio ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

La ONU estima que durante esta campaña "de limpieza étnica con marcas de genocidio", que terminó con más de 740.000 rohinyás huyendo a la vecina Bangladés, fueron asesinadas al menos 10.000 personas.

La lealtad de Suu Kyi llegó al punto de que encabezó la defensa del Ejército en el tribunal de La Haya, lo que hundió su reputación internacional, aunque no en su país, donde sigue siendo idolatrada.

Aung Min Hlaing no le ha pagado con la misma moneda y le ha arrebatado el poder, acabando con la frágil transición democrática sacando algunos tanques a las calles, pero sin hacer un solo disparo.

Con información de la agencia EFE

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