En 2021 no merma huida de migrantes a Colombia

Fabiola Barrera | La Prensa Táchira.- Con todas las dificultades habidas y por haber, grupos de personas provenientes del interior del país se siguen arriesgando a llegar a la frontera. Y es que la crisis golpea a unos con más dureza que a otros, por lo que muchos deciden emigrar para ver si su suerte cambia. 

Este es el caso de un grupo de jóvenes oriundos del estado Yaracuy. Un grupo de doce caminantes encontró en uno de los kioscos adyacentes a la conocida Curva de Los Peluches, un refugio para resguardarse del torrencial aguacero que caía este lunes.    

Sentados unos y otros aprovechando para reponer fuerzas, estuvieron dispuestos a atender al equipo de La Prensa y contar su historia. 

Tres días de trayecto llevaba este grupo de diez adultos y dos pequeñas niñas desde Yaracuy. Si bien aseguran que no les ha ido tan mal, la caminata los dejó exhaustos. Sin necesidad de hablar, el calzado lo decía todo. Uno de ellos llevaba un par de cholas plásticas remendadas con alambres, ya que no aguantaron la larga caminata. 

"Desde el viernes a las seis de la mañana salimos desde allá. Hemos venido caminando y hemos tenido suerte con las colas. Como llevamos dos barrigonas (embarazadas), cuando pedíamos cola la gente nos la daba", comenta Greixon Samuel Torres.

Con cinco meses de embarazo, Andreina Rodríguez decidió salir de la casa de su mamá sin un bolívar encima, pero con la motivación creciendo en su vientre. "Allá no estaba haciendo nada. Mi mamá es la que trabajaba y yo la ayudaba cuando limpiaba casas. Pero ya no se puede y decidí venirme con mi esposo". 

Mientras se comía una hallaca congelada, Ricardo Miranda asegura que solo quiere llegar a Cúcuta para buscar trabajo y así darles un mejor futuro a Claudia y a su bebé, de quien no sabe cuál será el sexo. 

"Tenemos los niños, a las mujeres embarazadas y no tenemos trabajo y allá no hay nada que hacer". 

Antes de venirse, casi todos los presentes sobrevivían vendiendo aguacates, aprovechando la temporada. Sin embargo, al finalizar la cosecha de estos, el dinero no entró más a sus hogares, por lo que con unas mudas de ropa y con Dios de guía, decidieron recorrer los más de 600 kilómetros que hay entre Yaracuy y San Antonio del Táchira. 

Explica el joven que la comida que han logrado es gracias a la caridad de las personas que los ven caminando y les dan alimentos. 

Con edades comprendidas entre los 14 y 30 años de edad, lamentan tener que dejar sus hogares para irse así, sin nada concreto, pues ni estudios pudieron culminar, ya que la pandemia también truncó los deseos de los más jóvenes por terminar, al menos, el bachillerato. 

Buen trato

Ricardo comenta que en las alcabalas y puntos de control si bien los han revisado, no les han quitado nada y tampoco le han pedido dinero. De los niños les han pedido varias veces los documentos, pero tras mostrarlos, los dejan ir. 

En medio de risas aseguran que ni un medio llevan consigo. "Nos vinimos hasta sin la culpa, porque no tenemos nada. Solo las ganas de salir adelante. Andamos legales y tenemos todo en orden". 

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