DENUNCIAN REVENTA y ROBOS EN SALA DE AISLAMIENTO DEL CENTRAL 

Redacción | La Prensa Táchira.- Familiares de pacientes que han fallecido por COVID-19 en la sala de aislamiento del Hospital Central de San Cristóbal, denuncian una serie de irregularidades, tales como la mal atención de sus parientes, robo y reventa de medicamentos y lo peor, que cuando estos mueren, no devuelven a sus seres queridos las medicinas que con tanto sacrificio compraron para ellos. 

Aún con tristeza, María Parra cuenta el viacrucis vivido durante una semana, tras su padre enfermarse de las vías respiratorias. 

Pese a que el señor Eudo Parra falleció el pasado 31 de diciembre, ella aun exige que casos como el de su papá no se repitan en el Hospital Central de San Cristóbal. 

Todo comenzó el 23 de diciembre, cuando su padre, quien estaba presentando síntomas de resfriado, se complicó por el humo de la leña que usaron unos vecinos suyos en Capacho, para la preparación de las hallacas. 

Si bien, a don Eudo le habían practicado una prueba rápida y había salido negativa, María adquirió medicamentos para la COVID-19 y se los estaba dando, en caso de que aun la carga viral no activara los reactivos de la prueba. 

Al momento de su papá manifestar dificultad para respirar, lo llevan al CDI de Capacho, desde donde lo refieren hacia el Hospital Central de San Cristóbal sin realizarle pruebas para verificar si tenía Coronavirus. Pese a ello, la remisión la hacen con ese diagnóstico clínico. 

Tras ingresar a la carpa de triaje del HCSC, horas más tarde, es ingresado al área de aislamiento de pacientes con Coronavirus. "Yo lo dejé ahí y le di un teléfono para llamarlo". 

La noche del 25 le colocan una mascarilla CPAP, cuya función es prevenir el colapso en las vías respiratorias. Aunque su papá se reiteraba que él se encontraba bien, manifestaba tener dificultades para ir al baño, ya que el mismo le quedaba algo retirado de la habitación. 

Denuncia que no hay quien bañe o limpie a estos pacientes, por lo que, por muy ahogados o mal que se puedan sentir, deben hacerlo ellos solos. "Yo estaba pendiente del tratamiento, que se lo colocaran a la hora. Le preguntaba a mi papá y a veces si le tocaba a las 9 de la noche, lo hacían a las once o en la madrugada. No le colocaban el tratamiento como era", dijo. 

Llegado el 30 de diciembre, don Eudo le pide que busque una bombona con oxígeno, que él quiere irse a su casa. En horas de la noche, ella lo llama y no le contesta. En la madrugada es lo mismo. "A las 7:40 de la mañana me contesta una enfermera y me dice que me vaya al hospital porque mi papá se puso malo". 

Alega no entender las razones por las cuales eso ocurre si incluso los médicos daban buen pronóstico al paciente. "Me dijeron que la saturación la tiene en 95% y el 31 de diciembre me dicen que la saturación le bajó a 40% de la noche a la mañana...él no era para haberse muerto". 

La última vez que vio a su padre con vida, fue a través de un video que le hicieron llegar el 31 de diciembre, a las 12:40 del mediodía. En él se veía al señor, con su mascarilla CPAP y consciente. 

Con voz quebrada, recuerda que su papá le pedía que lo sacara de allí, ya que vivía un "infierno. Los enfermeros le pasaban por un lado y ni pendiente. Me decía que los baños permanecen sucios".    

Pese a su insistencia, solo le dijeron que su padre había muerto de un paro respiratorio. Ya a siete días de la pérdida de don Eudo, María reprocha que ni el resultado de la PCR ni las placas le han sido entregadas, por lo que no sabe a ciencia cierta lo que tenía su papá. 

"Los medicamentos, los más caros, como el Clexane no me los dieron, no me dieron las ampollas de dexametasona, las pastillas de Atenolol, las vitamina C, D ni el Zinc. Lo único que me dieron fue un jarabe y los inhaladores y el jarabe no estaba abierto, no se lo dieron", dijo. 

Denuncia hay quienes pagan un cupo en la UCI COVID-19 en el Hospital, pues allí hay menos pacientes y más personal para atenderlos. Asegura María que sabe de un caso del papá de una amiga suya que paga 300 mil pesos semanales para que lo atiendan allí. "Sale más barato que los 1200 dólares diarios que cuesta una clínica. En aislamiento hay para 28 pacientes un médico y una enfermera". 

Los compraba al personal

María dentro de su desesperación, al ver el padecimiento de su padre, llegó a comprarles medicinas a los mismos enfermeros del piso, quienes tenían a menor precio en la calle. "Me decían que tenían el Clexane más económico y yo para que estuvieran pendientes de mi papá se los compraba a ellos. La primera noche me vendieron dos". 

Se pregunta por los medicamentos que llegan al principal centro asistencial, ya que durante la permanencia de su papá llegaban cajas de medicinas. "Los pasaban por el ascensor y las mismas enfermeras agarraban el paquetico y se lo metían en el bolso y a nosotros nos pedían medicinas a cada rato. Se roban eso, nosotros lo vimos". 

Pide a las autoridades que investiguen el hecho, ya que por este tipo de irregularidades mueren pacientes a diario en el principal centro asistencial de la entidad. "Hay medicamentos que llegan y los enfermeros los sacan. La gente se está muriendo". 

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