Bajo la complicidad de la noche, el Carapo arrasó con todo

Fabiola Barrera | La Prensa Táchira.- La noche sirvió como cómplice para uno de los momentos más nefastos en la vida de muchos rubienses. Y es que la noche del 7 de noviembre y la madrugada del 8 no se olvidarán de la memoria de las miles de familias afectadas por la crecida no solo del rio Carapo, sino de quebradas como La Yaguara y La Cachicama, que afectaron sectores como El Rosal y El Cafetal. .

Este lunes todos los afectados se encontraban limpiando sus viviendas. Unos con más suerte que otros, perdieron parte de sus enseres pero la estructura de sus casas estaba intacta, mientras que otros menos afortunados, solo buscaban entre el lodo y los escombros de lo que una vez fue su casa, algo qué recuperar. 

En diez minutos acabó con todo

"Eso fue como a las diez de la noche?mi hermana sintió que le tocaron la puerta y no había nadie. No nos dio tiempo de hacer más nada, sino de salir por la parte de atrás. Era la única salvación", dijo Blanca Sayago.

Indicó que en menos de diez minutos fue que el río Carapo devastó su casa y con ella, todo lo que había en el interior. Recuerda que estaba lloviendo muy fuerte al momento de la inundación, sin embargo jamás pensaron que el río estuviera saliéndose de su cauce. 

A la señora Blanca solo la separa la calle principal del sector de La Fortuna, en pleno centro de Rubio y tiene toda la vida viviendo a las orillas del Carapo, pero nunca se llegó a imaginar que esa noche, el río se llevaría todo lo que con años de trabajo había logrado. 

Recuerda que a mediados de los ochenta el río Carapo salió del embaulamiento por el cual atraviesan sus aguas, pero no fue tan grave como en esta oportunidad. Relata que a veces el río se crecía pero no pasaba de inundar las alcantarillas. "Esta ha sido la más fuerte, porque hasta nos tumbó la casa y eso no había pasado". 

Con una profunda tristeza se le vio con una Biblia en las manos, una crema para el cabello y una repisa de baño. Todo lleno de lodo, pero que pudo recuperar. "La biblia estaba encima de la mesa. Es un milagro que no se haya caído, porque el televisor sí se cayó. Para mí son cosas de Dios porque el agua subió cerca de los dos metros". 

Con aquellas pocas cosas que logra ver dentro de la densa capa de lodo, va caminando. Trata de no quebrarse pero reconoce que se le hace muy difícil. "Bien no me siento, pero estoy con fuerzas. Apoyada de Dios. Tenemos la vida que es importante", dijo antes de irse para continuar con la búsqueda de sus pertenencias. 

Había luz

Al menos en el sector de La Fortuna pudieron ver cuando el río comenzó a ingresar a las casas. Sin embargo, con la inundación, llegó el apagón. La señora Yancy Sayago explicaba al equipo de LA PRENSA que a los pocos minutos la luz se fue, ya que la fuerza del agua arrasó con los postes de electricidad y hasta la presente no hay servicio de energía eléctrica. "Con los truenos se fue la luz y hasta la presente no tenemos luz ni agua". 

Extendió un llamado a las autoridades, ya que no hay agua para lavar las viviendas ni los enseres afectados por la crecida del río. 

Pérdida total

Pero no solo fueron viviendas las afectadas por esta inundación súbita. Autobuses y vehículos también forman parte de las pérdidas materiales de quienes habitan este sector. Unidades de transporte de Expresos Junín y La Moderna quedaron atrapados entre el lodo, arrasándolos de una forma impresionante. 

"Este autobús se quedó sin asientos. Todos se los llevó el río. Hay vidrios partidos y todo quedó lleno de lodo. No sabemos cómo están los motores y las cajas. Hay que destaparlos para revisarlos a ver si algo se puede recuperar", dijo Yaritza Jaimes, afectada por la inundación. 

Dentro de uno de los buses afectado se encontraba el dueño de estos. Para Álvaro Díaz fue terrible, pues si bien su casa no se vio afectada por la crecida del río, sí sus autobuses. "Desde arriba veíamos como el agua los levantaba. Empezó a partir vidrios y paredes. Era fuerte ver tanta agua. Era implacable". 

Asegura que pese a la pérdida de su medio de sustento, se siente agradecido, pues aún tiene esperanzas para seguir luchando. "Hay gente que no puede, gente que falleció y otros que lo perdieron todo como los vecinos que no tienen donde dormir", dijo. 

Duro recuerdo

Para la señora Ingrid Salinas, afectada, el recordar la noche del sábado y la madrugada del domingo, 'le afecta al punto de querer llorar. "Esto fue horrible, el río sonando, los árboles sonando". 

Indicó que gracias a los vecinos, lograron salir a tiempo de su casa y retirarse unas cuadras más arriba, cuando el agua estaba cerca de la entrada de su casa.