No cesa el paso del viacrucis de migrantes por el Táchira

Nelson Altuve P | La PRENSA del TÁCHIRA.- Huyendo en estampida de la severa crisis que se agrava en Venezuela, sin tener un destino fijo y con un panorama incierto, venezolanos de varias regiones siguen arribando al Táchira como última alcabala entre Colombia y Venezuela con la esperanza de ver la luz al otro lado del río, es decir, en suelo neogranadino.

El hambre los acosa, golpea con fuerza sus ya debilitados cuerpos, las ojeras son pronunciadas. Se nota el cansancio, ya no caminan, solo van arrastrando su humanidad por el pavimento, buscando un punto de sombra donde descansar, no todos tienen la suerte de encontrar almas caritativas que le den aunque sea un pan o un cambur como aliciente a la hambruna que llevan impregnada desde hace mucho tiempo. 

Es la cruda realidad del éxodo venezolano que a nadie importa. Como dice Geanpier Chirinos, un joven que a sus 21 años es el cabeza de grupo de 14 personas, ocho de ellos niños, que se lanzaron a la aventura de escapar a la miseria en sus pueblos.

"Nos venimos de Maracay por la situación que hay, este presidente no resuelve nada, emigramos como muchos, porque si no sale Maduro esto no se arregla", afirma Chirinos.

Su odisea se resume en caminar a ratos o tomar colas, durante cuatro días de viacrucis, siendo "matraqueados" en las alcabalas por funcionarios inescrupulosos. "Nos han tratado como unos perros en las alcabalas desde Maracay hasta aquí, 5 dólares allá, 10 en otro lado, ya llegamos aquí sin medio para comer, todo es puro rial".

Viaja con un bolso a cuesta y una maleta sobre su cabeza o como pueda llevarla a ratos. En ella lleva lo necesario, dos mudas de ropa. Muy ligeras, para el sol para el frío para lo que le toque vivir. 

Cuenta que para dormir, es donde la noche lo agarre. No tienen un lugar fijo. A dónde puedan llegar, ahí hacen la parada. 

Sus días junto al grupo que lo acompaña van pasando lentos porque el destino aún no está a la vuelta de la esquina. 

Su paso por el Táchira es el comienzo del ascenso hacía la población de los dos Capacho (Viejo y Nuevo) que son el punto más álgido y más rudo para luego "bajar" a San Antonio del Táchira población fronteriza ubicada en plena línea divisoria entre el Corregimiento de La Parada departamento Norte de Santander. 

La caridad los alienta

No todo es malo. Dicen que han conseguido mucha gente en la vía que les da algo de comer. "Nos alimentamos con los que nos dan en la comunidad".

¿Cuál es la ruta, su destino final?

Nosotros vamos a llegar a Cúcuta, allá tenemos amistades que nos esperan. Yo ya he ido, me regresé a Venezuela porque Maduro dijo que estaba bien, que había trabajo, no que va, lo que hay es pobreza". Manifiesta Chirinos.

El joven confiesa, con un gestor de decepción que vino al país luego de haber probado suerte en Colombia, atraído por las ofertas gubernamentales del presidente Nicolás Maduro, sin embargo comprobó con su vivencia que todo fue una mentira. 

Tomó la decisión en su natal Maracay de devolverse a Colombia una vez que las medidas de confinamiento en Colombia se han ido flexibilizando y con ello las oportunidades de trabajo vuelven a salir a flote. 

Su mirada pérdida al hablar, sus gestos, su cara de cansancio, lo delata. Tiene solo el deseo de llegar y tratar de emprender un nuevo camino, pero esta vez en plena pandemia. 

Afirma que no le da miedo morir en medio del camino. Su mayor miedo es morir de mengua en un país que no le dejó más opciones que dejar todo atrás.  Familia, amigos, una ilusión que se perdió con el tiempo y que hoy solo ve que su destino no ya no está en Venezuela .

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