"Reclamamos porque no corría la cola. Pasaban de los otros 30 de nosotros 10 que ya nos duelen los pies".

Nancy Alfonso

Usuaria

"A eso de las cinco de la mañana decidimos marcarnos para que no se nos colearan"

Ramón Andrade

Usuario

"Ahorita nos dijeron que se había caído el sistema, que hiciéramos la cola otra vez y aquí estamos".

Rafael Bastidas

Usuario

Falta de luz y caída en sistema obstaculizaron cedulación en el Saime

Fabiola Barrera| La Prensa Táchira.- Kilométricas colas se registraron durante el inicio de la primera jornada de trabajo en la sede del Saime en San Cristóbal, luego de siete meses sin prestar servicios por la llegada de la pandemia del Coronavirus. 

A primera hora de la mañana, la larga fila de personas a la espera de ser atendidos llegaba a las inmediaciones de la calle principal de La Castra. Con números marcados "como reses", los andinos exigían celeridad en el proceso, pues hasta el mediodía habían atendido a menos de 120 personas y habían quienes tenían más de 350 marcado en el brazo. 

Las constantes caídas en el sistema y los cortes eléctricos empañaron la primera de las tres jornadas, ya que el operativo de cedulación, de acuerdo a la cuenta Twitter del Saime, es hasta este miércoles.    

Usuarios bajo el inclemente sol de este lunes se quejaban porque no había sistema y de a ratos se iba la electricidad, por lo que no había rapidez. Vale recordar que solo serían atendidos los terminales de cédula 0, 1, 2 y 3. 

Desde las dos de la madrugada, ansiosos por tramitar su documento, cientos de personas de todas las edades iniciaron la pernocta en la sede del Saime ubicada en la castra. Poco a poco la aglomeración se hizo evidente de personas a la espera por ingresar al recinto. 

"Esta marca no nos la hicieron ellos. Eso es una secuencia que entre todos hicimos para llevar un orden. A eso de las cinco de la mañana decidimos marcarnos para que no se nos colearan", dijo Ramón Andrade, quien aguardaba en la cola desde las cuatro de la mañana. 

Sabían a lo que iban

Muchos llegaron preparados con chaquetas, sombrillas y agua, para aguantar la larga espera que les tocaría, ya que si antes de la pandemia, las colas eran enormes, esta no sería la excepción. 

Hacia el otro extremo de las instalaciones del Saime, se encontraba una fila de personas de la tercera edad y con discapacidad, exigiendo ser atendidos, ya que consideraban injusto que pasaran más usuarios sin condiciones especiales que ellos, que con enfermedades y patologías, incluso con muletas, aguardaban por su turno.