Hasta golpes ofrecen por ver a familiares fallecidos por coronavirus

Maryerlin Villanueva | La Prensa de Táchira.- Como un "cambio radical" calificó la manipulación de fallecidos por covid-19, Oscar Prato Maldonado, trabajador del área de anatomía patológica del Hospital Central de San Cristóbal.

Y es que Prato, quien labora en la morgue de este nosocomio, ahora presta sus labores en la sala de aislamiento, pues es el encargado del traslado de los cuerpos que mueren bien sea confirmados o sospechosos al virus.

A sus 28 años de edad, no imaginó vivir una pandemia ni mucho menos tener que ver de cerca, a quienes perdieron la batalla contra esta enfermedad que ha dejado más de 800 mil decesos en el mundo.

Oscar hace un trabajo que pocos se atreverían a hacer. Se llena de valor para cumplir una función que le ha dejado hasta amenazas de golpes y detenciones por parte de los familiares, quienes no tienen acceso al cadáver.

"Algunos discuten por la muerte, sosteniendo que no son Covid-19, otros dicen que sí, pero yo me abstengo de discutir con ellos, pues solo busco cumplir con mi trabajo" dijo.

Manifestó su temor al contagio, a tal punto, que sus familiares lo exhortaron a renunciar a su cargo, pero considera que el Hospital Central necesita de sus trabajadores y por ello, continúa cumpliendo sus labores.

"Tengo familia, esposa, hijos pequeños, y me preocupaban ellos, pero a quienes trabajamos en el área de aislamiento nos da todos los equipos de seguridad para poder trabajar" expresó.

Sin temor a las cámaras, con fluidez y mucha seguridad, a las afueras de la sala de aislamiento, nos contó como realiza el proceso de traslado de los muertos desde este sitio hasta que son enviados al cementerio.

Luego de ser notificado que hay un cuerpo que debe extraerse, procede a usar la respectiva indumentaria como, el traje, bata de cirujano, guantes, gorro, mascarilla, botas, entre otros.

Al entrar, embolsa el cadáver, lo rotula, pide la historia y lo traslada al famoso "cuarto rojo", una sala dispuesta para la permanencia de los muertos, mientras que se realizan los trámites de su sepultura.

"Allí están hasta que sus familiares lo retiran con la funeraria y demás protocolos, pero aquellos que no tienen familiares ni recursos, lo trasladamos nosotros hasta el cementerio municipal para ser enterrados en una fosa común" dijo.

Destacó que los cuerpos en su mayoría salen en bolsa, los que salen en urna hacia el campo santo, son aquellos que los seres queridos pudieron comprar.

Hoy día, un cajón puede tener un costo desde los 250 mil hasta 1 millón de pesos.

Al llegar a dicho lugar, entrega los documentos, y los trabajadores se encargan de la sepultura. Regresa al hospital, donde se cambia, ducha y continúa en sus labores en este centro de salud.

"Nunca pensé en estar en un área de éstas, y temo por mi familia, debido a que desconozco que puedo llevar en mi cuerpo al estar expuesto en sitio de contaminación como está, pero hay que acostumbrarse y ajustarse a las medidas de bioseguridad" destacó.

A su juicio, su trabajo parece "voluntario" ya que el poco salario que percibe es insuficiente para cubrir los gastos de su hogar, por lo cual consideró que "es una vocación venir a trabajar" concluyó Prato.

Más que recordar una anécdota, precisa que de forma constante, los familiares de los fallecidos le reclaman el hecho de querer destapar la bolsa para despedir a sus seres queridos, pero por medidas de bioseguridad, esto no está permitido.

"Ellos me dicen que quieren verlo, verificar que es el cuerpo que vieron al ingresar por la puerta de la sala de aislamiento, pues muchos entran, pero no todos logran salir ni mucho menos despedirse" acotó.

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