410 años de devoción al Santo Cristo de La Grita

Fabiola Barrera | La Prensa Táchira.- Este jueves se conmemoran los 410 años del Santo Cristo de La Grita, a quien se le atribuyen infinidad de milagros y es considerado el patrono del Táchira. 

Para ello, las viviendas de los gritenses se visten de gala con banderas alusivas al Santo Patrono, así como adornan hermosos altares con flores de la zona y cantan serenatas a quien le dan carácter de divinidad y representación del Cristo de Rostro Sereno. 

En años anteriores, cientos de miles de peregrinos iniciaban su trayecto hasta el Santuario del Santo Cristo, ubicado en el sector de La Quinta, en una travesía que podría durar doce horas o más, a fin de rendirle homenaje a quien tachirenses y habitantes de ciudades aledañas y hasta de otros países, agradecían por favores concedidos. 

Asimismo el seis de agosto, su día, unas doscientas mil personas se reunían en dicho Santuario para disfrutar de la misa, celebrada por monseñor Mario Moronta, obispo de San Cristóbal y posteriormente acompañar a la imagen de madera hacia la iglesia del Espíritu Santo, donde suele estar todo el año. 

Sin embargo, este año, dada la pandemia de la COVID-19, sus fieles devotos no pudieron caminar y menos disfrutar de la hermosa eucaristía en su honor, pues una de las principales restricciones prohíbe la aglomeración de personas. 

Toda celebración se hará este año vía virtual, es decir, a través de medios electrónicos y de comunicación. Hoy, se celebrará una misa en la Catedral de San Cristóbal a puerta cerrada y con la participación de unos pocos sacerdotes. Sin embargo, para quienes deseen disfrutar del acto, podrán sintonizar las emisoras regionales y a través de las redes sociales del estado y de los medios de comunicación. 

La historia

La imagen del  Cristo del Rostro Sereno fue creada por Fray Francisco, tras el devastador terremoto de 1610 que acabó con el pueblo de La Grita. En una aldea llamada Tadea, el Fray ofreció al cielo, hacer una imagen del Cristo crucificado para consagrarle la nueva ciudad. 

Tras hacerse de un gran tronco de cedro, el Fray dibujó la imagen y comenzó a tallar el tronco, pero al llegar al rostro, no conseguía aquella expresión serena del Cristo Moribundo. Tras varios días de intentos fallidos, el Fray Francisco decidió retirarse a orar, llegando a un éxtasis profundo. 

Tras volver en sí, a altas horas de la madrugada, escuchaba cómo en su taller sonaban los golpes de formones en la madera. Al acercarse vio una imagen envuelta en luz, la cual al percatarse de su presencia, se retiró, encandilando los ojos del cansado escultor. 

En horas de la mañana siguiente, después de la misa matinal, todos se dirigieron al taller y descubrieron que aquella obra ya estaba terminada. A esto, el Fray Francisco respondió con llanto al ver que había quedado tal y como se lo había imaginado y no le era posible materializar. 

De acuerdo al libro "El Táchira físico, político e ilustrado" del Dr. Emilio Constantino Guerrero, este milagro se le atribuye a un ángel.  

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