Tenemos que hacer mil proezas para llegar a casa

Lisa Villamizar

Enfermera

La gente ya tiene cierto temor de darnos la cola

Alexis Borrero

Vigilante

Vivo en Rubio y es muy difícil llegar hasta el Hospital

Elvira Estupiñan

Repartidora de alimentos

Personal de salud: "Ahora nos tienen miedo y no nos dan la cola"

Jhoana Suárez | La Prensa del Táchira.- La llegada de la pandemia, le complicó aún más la vida al personal que labora en el Primer Centro de Salud de la región. El problema de estigmatización del personal de la salud se suma a la escasez de transporte público que los obliga a caminar varios kilómetros al día y "las colas" que antes eran su salvación, hoy se dan esporádicamente.

El temor de contagio de algunos conductores de contraer COVID-19 impide en muchas ocasiones montar en sus vehículos al personal de salud que camina diariamente para llegar a sus puestos de trabajo. 

Elvira Estupiñan, vive en Rubio y tres días de cada semana debe ingeniársela para llegar a su puesto de trabajo. "Camino mucho, en ocasiones me da la cola gente que me conoce y aprovechan que soy personal de salud para que los dejen pasar en los puntos de control".

Pero regularmente camina, porque no hay ni ruta ni transporte público para Rubio. Elvira es repartidora de alimentos en el área de cocina del Hospital Central y aseguró sentirse muy cansada por esa odisea que debe vivir para poder llegar a su trabajo. 

"Quien me da la cola es gente que me conoce, porque cualquiera al ver que uno es trabajador del hospital no lo montan en el carro porque les da miedo que uno tenga el virus", dijo. 

Haciendo proezas

Una situación similar vive Lisa Villamizar, enfermera de este centro dispensador de salud, con residencia en el Palmar de la Cope, quien comentó que trabaja de lunes a jueves y cuenta con ruta para llegar al trabajo, pero a la hora de salir, debe hacer "mil proezas" para llegar a casa. 

Contó que regularmente sale con una o dos amigas para acompañarse. "Ya a la una de la tarde hay muy poco transporte o simplemente no hay, entonces nos toca caminar hasta El Cucharo, esperando que alguien nos de la cola, lo cual es poco frecuente".

Mencionó que ciertamente hay mucha gente que todavía les ofrece la cola, pero también hay un buen grupo de conductores que piensan que por trabajar en el Hospital Central ya están enfermos. 

Alexis Borrero, vigilante del centro tiene su residencia en Barrancas y cada día debe ingeniárselas para llegar a su lugar de trabajo. "Tengo tres opciones y con las tres debo caminar, ya sea para salir a la autopista o para llegar a Táriba con la intención de conseguir transporte".

Encomendados a Dios 

Insistió en que llega al hospital en el transporte que por allí le pueda "socorrer", encomendándose a Dios para no ser víctima de algún antisocial durante su traslado que se da desde muy tempranas horas de la mañana. 

Humalina Carrillo, es camarera y vive por la Marginal del Torbes, cada día camina para llegar a su trabajo. Si bien en ocasiones le dan la cola, está resignada a caminar.

Pese a los sacrificios que debe hacer, aseguró que viene a trabajar por esa vocación de servicio que siempre le acompaña. "Nadie puede creer que venimos a trabajar por los 400 mil bolívares quincenales que recibimos".

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