María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- Eran aproximadamente las 10 de la mañana cuando el suelo comenzó a temblar con una furia desconocida. Corría el año 1849 y la tranquila vida de los habitantes de Lobatera se desmoronó en cuestión de segundos. Un violento movimiento telúrico, con una magnitud de 6,6, y una intensidad entre VIII y IX grados en la escala modificada de Mercalli, sacudió todo el poblado.
El estruendo fue ensordecedor; las paredes de adobe y bahareque se convirtieron en trampas mortales para familias enteras. Cuando el polvo comenzó a asentarse, el paisaje era desolador: 32 personas habían perdido la vida, sepultadas bajo los escombros de sus hogares.
Los sobrevivientes se enfrentaron a una difícil decisión: quedarse y reconstruir el pueblo o marcharse de él para siempre. Una parte de los ciudadanos permaneció en Lobatera y poco a poco levantaron los cimientos de lo que se conoce hoy. Otro grupo liderado por el Padre José Amando Pérez, se marchó a tierras más altas, fundando un nuevo caserío que un año después ya había crecido lo suficiente y en 1850 es elevado a parroquia del Cantón bajo el nombre de Michelena.
Este episodio pertenece a los tantos hechos sísmicos ocurridos en el Táchira durante su historia. El terremoto de Cúcuta en 1875 afectó en gran parte a Capacho y San Cristóbal. En 1981, un temblor de 5.5 terminó con la aldea de "Caño Amarillo", en el Palmar de La Copé, donde muchas víctimas fueron sepultadas por el lodo.
No obstante, muy pocos se comparan con el caso de Lobatera, cuyo terremoto no solo causó una herida imborrable en sus habitantes, sino que también dividió al pueblo y dio origen a otro muy importante de la historia tachirense.
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