María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En la historia musical del Táchira del siglo XX hay un nombre que brilla con luz propia: Francisco J. Marciales, el prolífico compositor rubiense, director de bandas, precursor del bambuco tachirense y músico admirado por el general Juan Vicente Gómez.
Nacido en La Alquitrana, el tres de diciembre de 1890, Marciales mostró desde la infancia un talento excepcional, flautista, guitarrista y compositor, su obra abarca más de trescientas páginas de música donde se destacan valses, danzones, ragtimes, foxtrots, marchas y danzas. Sin embargo su legado más profundo se encuentra en la creación de la primera obertura tachirense titulada "Andina" y su papel fundamental en la reinvención del bambuco regional.
Según el cronista Luis Hernández, Marciales fue un discípulo del músico rubiense Pedro Hernández, y con el tiempo se convirtió en uno de los grandes artífices del bambuco tachirense, diferenciándolo del colombiano. Marciales, con su sensibilidad le dio su propia identidad a lo que hoy forma parte del patrimonio musical del estado.
Entre sus composiciones más celebradas sobresale el bambuco "Vivan las Suegras" y el vals "Corazones Unidos". El alcance de fama no solo se limitó al Táchira. Marciales dirigió bandas en Colombia y consiguió algo que muy pocos artistas en su tiempo lograron: cautivar al general Juan Vicente Gómez.
A pesar de su gran carrera musical, Marciales tuvo un final que contrasta con la grandeza de su obra. El hombre que reinventó un género, murió solo y abandonado en Valencia, estado Carabobo, el 31 de mayo de 1932, tras un erróneo diagnóstico de lepra.
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