María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- La Ermita, uno de los barrios más antiguos de la capital tachirense, guarda entre sus esquinas más de 170 años de historia. Lo que comenzó como un caserío aledaño a la ciudad a mediados del siglo XIX, se ha convertido hoy en un punto indispensable de la ciudad, sin perder jamás su esencia tradicional.
Según el cronista Luis Hernández, para 1850 este pequeño poblado fue incorporado formalmente a San Cristóbal. Pero fue a partir de 1852 cuando comenzó a trazarse uno de sus mayores emblemas, la Plaza Páez. Cuatro años después, en 1856, el sector empezó a llamarse San Juan Bautista, dando origen a la parroquia eclesiástica y a la construcción de su icónica iglesia cuya cúpula principal fue culminada por el alarife Jesús Manrique.
En 1872 fue levantado y bendecido otro de sus rincones sagrados, El Calvario, un lugar que recuerda el sitio donde Jesucristo fue martirizado. Este fue reformado en 1956, quedando como se le conoce hoy en día.
En 1938 el propio Manrique realizó cambios en la plaza, la cual la recorrían varias caminerías y en el centro reposaba un imponente obelisco con un águila. En el libro "Parques y Plazas de San Cristóbal", es descrito como "el refugio de los ermitaños". Esta plaza sufrió varios cambios por parte del arquitecto Rafael Rojas, quien realizó la obra que conocemos hoy día de la Plaza Páez.
El impulso comercial del barrio se inmortalizó en 1946 con la inauguración de la Casa de Abastos La Ermita, su famoso mercado que con el tiempo se convertiría en el corazón económico del sector. Este emblemático espacio también ha pasado por reconstrucciones, ya que fue demolido y reinaugurado en 1973.
En diciembre de 1954 se sumó otro símbolo al barrio, el grupo escolar Bustamante, que hasta el día de hoy se mantiene como la casa de estudios primarios de la comunidad. A su alrededor, el barrio se fue consolidando; hoy en día entre sus calles se pueden encontrar múltiples negocios: ferretería, abastos, farmacias, escuelas, colegios y un centro asistencial como el IPASME.
La Ermita, que se extiende desde la carrera 4 hasta la carrera 1 entre las calles 16 y 9, cuenta con dos plazas emblemáticas, como la Plaza José Antonio Páez y el parque Monseñor Sanmiguel, ambos puntos de encuentro ciudadano; además, limita con el camposanto de la ciudad.
Casi dos siglos después, La Ermita sigue en pie; si bien sus calles y cuadras han cambiado, aún se mantiene la identidad de fe y comunidad que caracteriza al sector.
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