María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- Con su cuerpo menudo, larga cabellera negra y ademanes que aún conservaban el eco de los escenarios, Aminta Garcés, mejor conocida como "La Loca Aminita", se convirtió en una de las figuras más entrañables y misteriosas de la primera mitad del siglo XX de la ciudad cordial.
Aminta no era nativa de San Cristóbal; según las semblanzas del cronista Luis Hernández, la artista habría llegado a la ciudad formando parte del elenco de la Compañía de Teatro Pellicer. Hernández explicó que, según los archivos del cronista Rafael María Rosales, Aminta nació en Puerto Rico. Lo cierto es que su paso por la ciudad debía ser temporal, pero un amor no correspondido la ancló para siempre a la capital tachirense.
Josefina Tamayo de García, en su libro "San Cristóbal, la de mis recuerdos", la relata con nostalgia: "Una dama de cuerpo menudo, larga cabellera negra, grandes ojos, suaves y coquetos ademanes". Lejos del estigma que su apodo pudiera sugerir, Tamayo de García enfatiza que Aminta era "muy querida por todos", una presencia familiar en las calles y plazas de la ciudad que despertaba el cariño de sus habitantes.
Sin embargo, un día La Loca Aminta desapareció sin dejar rastro. "La prensa local hizo eco de su ausencia", explicó Tamayo, y poco después se descubrió que su cuerpo se encontraba embalsamado en las instalaciones de la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes en Mérida. Aminta fue reconocida por estudiantes oriundos de San Cristóbal.
El Cronista de San Cristóbal, Luis Hernández señaló que Aminta Garcés murió en el Hospital José María Vargas de San Cristóbal el 6 de marzo de 1956. Su acta de defunción: "una señora (sin nombre) que llegó en estado comatoso", sin revelar la razón de su muerte.
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