María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- El Barrio Lourdes, uno de los tantos sectores populares de San Cristóbal y conocido por su histórico templete, tiene un origen que se remonta a 1930, cuando gran parte de sus calles eran solo tierra y unas cuantas familias habitaban sus alrededores.
El sector que inició durante la década de los 30 era el hogar de familias humildes y trabajadores que se asentaron en una zona muy cercana a La Guacara. Debido a la proximidad de la quebrada, durante las noches el sonido de las ranas era estruendoso y para la década de los 40, el sector era conocido como Cantarranas.
Pero la identidad de este pueblo no solo la moldea la geografía, sino también la fe. El cronista de San Cristóbal, Luis Hernández explica que para la década de los años 60 los sacerdotes de la parroquia Coromoto consideraron que el nombre de "Cantarranas", no le hacía justicia al sector; fue entonces que decidieron cambiarle el nombre al sector por Lourdes, en honor a la virgen.
Más allá del cambio de nombre, el carácter de sus habitantes permaneció inalterable, forjado en la adversidad, la solidaridad y en especial, el temple. A los pocos años de la inauguración del Viaducto Nuevo, en los años 80, los vecinos del Barrio Lourdes se unieron para evitar que una compañía llevara a cabo la construcción de unas viviendas que bloqueaban el paso principal del sector.
Esa misma topografía que defendieron hace tantas décadas define hoy su cotidianidad; a pesar de contar con vías principales, el barrio cuenta con distintos atajos, entre ellos escaleras que conectan de manera orgánica con otros sectores de la ciudad como Barrio Obrero o la Avenida 19 de Abril.
No obstante, el emblema del lugar es el icónico Templete Antonio Aragón. Construido en 1970, esta estructura no es un simple ornamento, es el guardián de la tradición del barrio. Mientras que en otros rincones de San Cristóbal estas costumbres de feria desaparecieron con el paso del tiempo, el Templete de Lourdes se mantiene inamovible. Es el único de la ciudad que aún conserva su espíritu de celebración durante la Feria de San Sebastián, negándose a ser olvidado.
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