María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En 1960, San Cristóbal vio nacer una de sus obras de infraestructura más importantes: el Viaducto, que pronto sería bautizado por algunos ciudadanos como "la mole de concreto". Concebida como un símbolo de modernidad y progreso, esta estructura cambiaría para siempre el paisaje urbano de la ciudad. Sin embargo, lo que nadie imaginó es que apenas unos meses después de su inauguración, a sus pies comienza a gestarse una historia marcada por el peligro.
Poco después de que el viaducto se alzara, surgió bajo su sombra uno de los barrios populares más conocidos de San Cristóbal, el 8 de Diciembre. Sus primeras viviendas fueron construidas de cartón, caña y zinc; familias enteras echaron raíces sin imaginar que habían elegido una zona que con el tiempo se convertiría en fuente constante de amenaza.
En los periódicos de la década de los 60, se evidencia que una de las mayores preocupaciones de los residentes del barrio eran las piedras. Contaban que durante horas de la noche, desde lo alto del viaducto a 48 metros de altura, personas desalmadas se apostaban y comenzaban a lanzar piedras hacia las precarias viviendas.
Los vecinos, en 1969 en sus denuncias a los medios de comunicación del estado, relataban que eran verdaderas lluvias de piedras, cada una de ellas convertida en un arma letal por la altura desde la que eran lanzadas. Los impactos dejaban heridos de gravedad y sembraban el terror en las familias que vivían en el sector.
Los habitantes del barrio en múltiples ocasiones hicieron llamados desesperados a las autoridades para que intervinieran y detuvieran los ataques, pero la policía no atendió el llamado durante mucho tiempo.
Un viaducto marcado por la tragedia
Con el paso del tiempo, el viaducto no solo se consolidó como un icono de la ciudad, sino también como un escenario recurrente de dolor. Más de un centenar de personas saltaron al vacío desde sus 48 metros de altura para terminar con sus vidas, convirtiendo la estructura en un lugar asociado a la muerte.
Pero la tragedia no se detuvo allí; en más de una ocasión, cuerpos de víctimas de asesinato fueron lanzados desde lo alto hacia el barrio. Los habitantes del 8 de diciembre no solo eran testigos de aquellas muertes violentas; en varios casos, los cuerpos cayeron sobre las humildes viviendas, causando la muerte de personas que se encontraban en sus hogares.
El monstruo del viaducto
El viaducto también fue escenario de uno de los crímenes más macabros que recuerda la historia de San Cristóbal, el asesinato de dos niños, quienes fueron lanzados hacia el vacío desde la mole de concreto. Aquel episodio en 1989 quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los capítulos más oscuros de la ciudad.
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