El cronista de San Cristóbal Luis HernÃndez describe a Guerrero Lossada como un hombre que se convirtió en “portador del faro de luz”

Crédito: Karen Roa

El cronista de San Cristóbal, Luis Hernández, describe a Guerrero Lossada como un hombre que se convirtió en “portador del faro de luz”

José Antonio Guerrero Lossada, "bibliotecario eterno" del Salón de Lectura

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- José Antonio Guerrero Lossada, oriundo de Tovar, estado Mérida, llegó a San Cristóbal en 1901. Lejos de ser un tránsito fugaz, Guerrero Lozada se estableció en la capital tachirense. Al poco tiempo fundó la bodeguita La Francia, un modesto local que con el paso del tiempo se transformaría en algo mucho más grande, el Salón de Lectura, un espacio que se convertiría en el epicentro cultural de la ciudad. 

En los rincones de aquella bodeguita, Lossada estableció uno de los espacios culturales más importantes de la región, con su biblioteca que dejaba a disposición de los estudiantes. La historia de Guerrero Lossada también es una historia de resistencia. El cronista Luis Hernández, lo describe como un hombre que se convirtió en "portador del faro de luz". Y es que durante la dictadura de Eustoquio Gómez, el régimen ordenó cortar el suministro eléctrico a la bodeguita La Francia. Pero Lozada no se rindió, y buscó velas para iluminar el lugar y continuar con las actividades. 

Durante cuatro décadas, Guerrero Lossada se convirtió en el guardián permanente del Salón de Lectura, acompañando a cada uno de los presidentes de esta institución durante aquellos años. Hernández explicó que su amor por la lectura era tanto que con la ayuda de un pequeño huerto, conseguía los recursos necesarios para comprar libros y hacer crecer su biblioteca. 

Su figura era ampliamente conocida y respetada en el movimiento cultural. Sin embargo, su personalidad considerada excéntrica por algunos generó controversias, puesto que solía presentarse a sí mismo como "profesor en ciencias ocultas", un rasgo que años más tarde llevaría a que algunos criticaran la decisión de dar su nombre a la biblioteca del Salón de Lectura. Pese a las críticas, su legado como impulsor de la lectura y la cultura terminó por imponerse. 

La vida de Guerrero Lossada también estuvo atravesada por el dolor. En 1931 sufrió un golpe devastador: su primera esposa falleció de manera repentina y, apenas un mes después, su primera hija también partió. Tiempo después, Guerrero Lossada volvería a casarse y formar una familia. Pasó el resto de su vida en el Salón de Lectura, no solo en la bodeguita, sino también en su sede definitiva construida en 1938, convirtiéndose en el "bibliotecario eterno".

José Antonio Guerrero Lossada falleció el 17 de julio de 1947, pero su nombre no se desvaneció con el tiempo. Hoy la biblioteca del Ateneo del Táchira lleva su nombre, perpetuando la memoria de aquel merideño que desde su bodeguita encendió un faro de cultura que aún ilumina la ciudad.  

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