María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En el municipio San Cristóbal se alza uno de los barrios más emblemáticos y poblados de la ciudad: el 23 de enero. Nacido el mismo día que lleva su nombre, pero en 1959, el sector ha pasado de ser un asentamiento de humildes viviendas a convertirse en un entramado urbano de calles empinadas, pasajes, escaleras y singulares bloques que albergan a más de 35 mil habitantes.
El barrio surgió en el sector de La Concordia, donde personas de bajos recursos y trabajadoras levantaron sus humildes hogares de caña, barro y otros materiales. Para 1960, apenas dos años después de su fundación, ya contaba con 5 mil residentes que, entre necesidades, buscaban la manera de apoyarse todos juntos en búsqueda del progreso del lugar.
Constantemente los habitantes buscaban el apoyo de las autoridades, en especial con la creación de sistemas de drenaje y la reubicación de cloacas que afectan a todas las familias. Con iniciativa propia, los residentes del barrio impulsaron el crecimiento del sector. Para 1968, el entonces presidente Raúl Leoni inauguró algunas viviendas en la calle San Sebastián. Un año después, medios de la época ya daban cuenta de la existencia de los pasajes Campo Alegre, El Limoncito, Colombia, Pozo Azul, entre otros, espacios donde la población, compuesta un 50% por venezolanos y otro 50% por colombianos, se distinguía por su entrega al trabajo.
Durante esta década también se dio la fundación de la iglesia Jesús Obrero, un pilar fundamental del barrio y que aún sigue siendo un lugar emblemático, cuyos campanarios pueden ser divisados desde distintos puntos del barrio.
La década de los 70 trajo consigo un acelerado crecimiento, ya que para 1970 residían en el barrio unas 12 mil personas. Sin embargo, las carencias persisten. La falta de iluminación pública en algunas zonas y la ausencia de campos deportivos eran reclamos comunes, aunque con el paso de los años esas necesidades fueron siendo atendidas.
Hoy el 23 de enero, luce una fisonomía única de la ciudad; sus famosos bloques construidos sobre lo que antes eran laderas con viviendas precarias se han convertido en un símbolo del sector. Junto a ellos, la iglesia, el colegio, un preescolar, un centro de atención médica y otras infraestructuras dan cuenta de su consolidación urbana.
Aquellos ranchos iniciales se transformaron en grandes casas que, pese al hacinamiento característico de las zonas de crecimiento popular, poseen un aspecto singular y reflejan la tenacidad de sus habitantes.
Aunque en algún momento la delincuencia se adueñó de sus calles, los habitantes del 23 de Enero continúan siendo personas que se distinguen por su espíritu trabajador y mucha humildad, donde cada escalera y cada pasaje guarda una historia.
Descarga nuestra app aquí o escanea el código QR
