María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- José Ignacio Breton es uno de aquellos personajes de la historia tachirense que a pesar de no haber realizado grandes obras, ni haber sido un hombre de fortuna, logró labrarse un lugar en la memoria del estado. Breton, nacido en San Cristóbal en septiembre de 1869, era un cartero y "poeta a su modo" que durante cuatro décadas recorrió caminos de tierra bajo el sol sofocante o intensas lluvias, tejiendo los hilos invisibles que conectaban una región.
A principios del siglo XX, la figura de Breton era reconocible entre los habitantes más acaudalados hasta los más humildes. Con una estampa que el cronista Luis Hernández calificó de "quijotesca", este hombre recorría a pie la distancia entre San Cristóbal y Rubio.
Su atuendo era inconfundible: sombrero negro, pantalones arremangados, alpargatas y un bastón de cañaguate, única compañía en las largas travesías que realizaba. El cronista señaló que nada lo detenía de realizar su labor ya convertida en rutina cada semana.
Pero José Ignacio Breton era mucho más que un mensajero; también fue "un poeta a su modo" de la ciudad de antaño, señaló Hernández. Durante su vida publicó cuatro libros en los cuales plasmó versos que hablaban de sus andanzas: "El vaivén que yo me he impuesto / es un viaje semanal / yendo y viniendo de Rubio / para conseguir un real".
En sus viajes Breton cargaba con los anhelos de toda una sociedad, desde los encargos de alto valor comercial que le confiaban los comerciantes más acaudalados, hasta las cartas que los estudiantes enviaban a sus pretendientes. Por esta labor cobraba apenas medio real, una suma simplista para la responsabilidad de ser un vínculo entre ciudadanos separados por kilómetros.
Su impacto en la ciudad fue tal que su nombre y su figura quedaron retratados en libros de diversos autores tachirenses. La historia de Breton es la de un hombre que entendió su oficio como una misión, en tiempos donde las distancias se medían en jornadas de caminata.
Breton pasó su vida en esta labor y murió el 17 de mayo de 1953 a los 83 años en el Hospital Vargas. El cronista cuenta que antes de su muerte Breton, cansado de vivir, dijo: "Si yo pudiera hablar con Dios y él me preguntara cuánto quiero vivir más, le diría que ni un día".
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