María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- El 21 de noviembre de 1978, un avión de la compañía de aerotaxis colombiana "El venado", partió de la ciudad de Cúcuta con destino a Arauca, llevando en su interior 28 almas que nunca llegaron a su destino. En algún punto de la travesía, la nave perdió el rumbo y terminó precipitándose en el Páramo El Judío en el municipio Junín, dentro del Parque Nacional El Tamá, siendo este uno de los accidentes aéreos más importantes del estado Táchira.
La aeronave pilotada por un experimentado exmiembro de las fuerzas armadas de Colombia se precipitó contra el terreno abrupto sin dejar rastro de vida. El impacto y el incendio calcinaron la estructura y los cuerpos, borrando así cualquier posibilidad de sobrevivientes.
En los primeros reportes, la compañía propietaria del avión aseguró que la nave se encontraba en perfectas condiciones mecánicas y sugirió que la causa del siniestro fue una combinación fatal entre el error humano y las condiciones climáticas. Sin embargo, las investigaciones oficiales determinaron que el origen de la tragedia fue una falla en uno de los motores.
El operativo de búsqueda y rescate se convirtió en una pesadilla. Durante al menos 15 días, funcionarios de rescate, Policía Técnica Judicial y efectivos del ejército venezolano se internaron en las cumbres del Tamá para recuperar lo quedaba de las víctimas, todas de nacionalidad colombiana. El panorama era dantesco; los cuerpos estaban destrozados y muchos de ellos irreconocibles por el fuego.
Pero la tragedia escondía un misterio adicional cuando los equipos forenses comenzaron el proceso de identificación de las víctimas: tres de los pasajeros fallecidos no figuraban en la lista oficial de vuelo. Según las averiguaciones, estas tres personas abordaron la nave en el último minuto, sin que sus nombres quedaran registrados. Aun hoy, a casi cincuenta años de aquel accidente, sus identidades siguen siendo un enigma
La caída de aquel avión en el Páramo El Judío no solo dejó 28 muertos, sino una huella imborrable en la memoria fronteriza.
Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del Liceo Alberto Adriani en San Cristóbal.
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