Muchos aseguran que esto se debe a una maldición que existe en estas tierras debido a que un grupo de indígenas fueron torturados hasta la muerte en aquel lugar

Crédito: Karen Roa

Muchos aseguran que esto se debe a una maldición que existe en estas tierras debido a que un grupo de indígenas fueron torturados hasta la muerte en aquel lugar

Las tierras donde las cosechas mueren y las leyendas cobran vida

Redacción |La Prensa del Táchira.- En la Recta La Ayarí, ubicada en el Municipio Fernández Feo, se encuentra una misteriosa finca que, a pesar de estar en un sector productivo, con nada consigue prosperar. Muchos aseguran que esto se debe a una maldición que existe en estas tierras,  debido a que un grupo de indígenas fueron torturados hasta la muerte en aquel lugar.

Francisco sentía que finalmente la vida le sonreía. Había conseguido comprar una gran finca ubicada en La Ayari; el precio había sido sumamente bajo, por lo cual consideraba que había sido finalmente recompensado por Dios, por tantos años de esfuerzo y trabajo. Junto a su esposa e hijo se instalaron en el lugar; si bien la casa era modesta, la finca contaba con una gran extensión de tierras perfectas para la cría de ganado y la siembra. 

Pasado los meses, el hombre ya tenía varios caballos y una buena cantidad de reses para iniciar su producción. Sin embargo, lo que el hombre desconocía era que aquel lugar estaba rodeado de misterios y sucesos paranormales.

Pasado medio año, cosas extrañas comenzaron a suceder en el lugar; gritos desgarradores despertaban a la familia a mitad de la noche. En más de una ocasión, Francisco intentó seguir aquellos gritos que siempre provenían del establo de los caballos. Sonidos desgarradores que parecían provenir del más allá de manera abrupta terminaban cuando el hombre entraba al establo.

Poco a poco las pocas cosechas fueron muriendo, el ganado comenzó a enfermar, las vacas preñadas perdían a sus crías y la leche era agria. Francisco no tenía ni idea de lo que sucedía, puesto que durante años se había dedicado a este rubro y al notar que era el único productor que tenía este problema, comenzó a hablar con los demás habitantes de la zona. 

Uno de los productores más antiguos del lugar le aconsejó que vendiera las pocas reces sanas que aún le quedaban y vendiera la finca a alguien alejado de la zona. Francisco preguntó al hombre que por qué haría esto y él le contó que durante la conquista aquel lugar era tierras sagradas para los indígenas, por lo cual los españoles pensaron que había oro escondido. Muchos indígenas fueron torturados hasta la muerte en aquel sitio para que revelaran dónde estaban las riquezas; sin embargo, el orgullo nunca les permitió hablar. La leyenda cuenta que el cacique fue el último en perder la vida y con su último aliento, maldijo aquellas tierras para que ningún hombre pudiera prosperar en ellas.

A pesar del impacto de la historia, Francisco no quedó del todo convencido y una noche, cuando los gritos desgarradores del establo le volvieron a quitar el sueño, se armó de un machete y fue con furia a enfrentar lo desconocido, cuando en lo alto de la loma vio a una figura anormalmente alta que parecía alcanzar los cinco metros de altura. Desde allí, Francisco lograba ver el resplandeciente rojo de sus ojos como si fueran carbones encendidos y la figura espectral solo sonreía.

Al día siguiente el hombre ordenó a su esposa empacar todas sus cosas. Vendió las pocas reces que quedaban y en unos pocos meses consiguió vender la finca a un menor precio del que la había comprado originalmente.

Aquel lugar aún permanece en pie, pasa de dueño en dueño sin que nada prospere, algunos asegurar que desde las fincas aledañas se escuchan gritos que provienen de aquella finca que hoy a pesar de tener dueño se encuentran vacía. 

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