Formado como ingeniero civil en Bogotà Ferrero Tamayo no miró hacia otros horizontes sino que volcó su conocimiento en la tierra que lo vio nacer

Crédito: Karen Roa

Formado como ingeniero civil en Bogotá, Ferrero Tamayo no miró hacia otros horizontes, sino que volcó su conocimiento en la tierra que lo vio nacer

Ferrero Tamayo: el visionario tachirense que transformó San Cristóbal

María Cárdenas | La Prensa del Táchira. En la memoria urbana y social de San Cristóbal, el nombre de José Ferrero Tamayo se alza como un pilar fundamental. Más que un ingeniero civil, este tachirense nacido en noviembre de 1912 fue un visionario práctico, un hombre que con planos y obras dibujó el crecimiento de la ciudad.

Formado como ingeniero civil en Bogotá, Ferrero Tamayo no miró hacia otros horizontes, sino que volcó su conocimiento en la tierra que lo vio nacer. El cronista de San Cristóbal, Luis Hernández, explicó que Tamayo ocupó cargos claves como la dirección de Obras Públicas Nacionales y la subcomisión de Urbanismo Municipal. Su mente técnica trazó parte del municipio y el estado, siendo artífice de conexiones vitales como la carretera San Cristóbal - Rubio y la vía La Fría-Umuquena, arterias viales que impulsaron el desarrollo comercial y social de la región.

Pero su legado no se limita al asfalto; la ciudad moderna lleva su sello en espacios emblemáticos: el diseño del Club Tennis, la construcción de la Avenida Libertador y la edificación del Hotel El Tamá de la mano de la compañía que fundó junto a sus colegas, que llevaba el nombre de Esfega, un motor del progreso de San Cristóbal que también se encargó de la construcción de la Escuela Técnica Industrial (ETI).

Su ingenio también dio forma a la urbanización Las Lomas, su fe y generosidad se materializaron en la construcción de la Iglesia Cristo Rey que obsequió al obispo Fernández Feo en 1957 y años más tarde dirigiría los trabajos de restauración de la Catedral de San Cristóbal en 1961.

Sin embargo la grandeza de Ferrero Tamayo se medía también en gestos silenciosos. Era conocido por donar dinero y pagar la matrícula a estudiantes sin recursos. La iglesia reconoció el trabajo de Ferrero Tamayo; en 1958 el Papa Juan XXIII lo condecoró con la Cruz de Oro Pro Ecclesia et Pontífice.

El 10 de diciembre de 1966, una tragedia inesperada segó su vida. Tras salir de la celebración del cumpleaños de su hija, fue arrollado por un vehículo a las afueras del mismo club que él había diseñado . La noticia conmocionó a la ciudad que perdía a uno de sus ingenieros más queridos.

Hoy su nombre perdura no solo en la memoria colectiva, sino en el tránsito diario de los tachirenses. Una de las principales avenidas de San Cristóbal lleva su nombre como homenaje permanente al ingeniero José Rafael Ferrero Tamayo.

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