Entre los lugareños corre el rumor de que aquellos pozos son lugares encantados sagrados para los indígenas que realizaban misteriosos rituales en él

Crédito: Karen Roa

Entre los lugareños corre el rumor de que aquellos pozos son lugares encantados, sagrados para los indígenas que realizaban misteriosos rituales en él

Rituales ocultos y leyendas que aún resuenan en San Pedro del Río

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En la aldea Los Palmares en San Pedro de Río se encuentran una variedad de pozos ocultos entre sus montañas. Si bien estos son muy visitados, son muy pocos los que conocen los secretos de estos lugares cuando se oculta el sol.

Corría el año 2010, Arturo y Luis se encontraban cursando estudios en una de las principales universidades de San Cristóbal. Un fin de semana decidieron acampar en el pozo Las Adjuntas, ubicado en San Pedro del Río, con el objetivo de estudiar la biodiversidad nocturna en la montaña. 

Los jóvenes quedaron deslumbrados con la belleza del lugar, la caída de agua de casi 10 metros y un silencio acogedor. Durante las horas de la tarde se la pasaron disfrutando de las aguas del pozo y comenzaron a preparar las linternas y cámaras para la investigación nocturna sin saber lo que les esperaba. 

Preparada la carpa a un borde del paso de río, los jóvenes comenzaron su exploración; poco y nada encontraron, les pareció extraña la ausencia de murciélagos; no obstante, había una gran variedad de insectos. Dada por concluida la tarea, ambos decidieron volver a la carpa, pero mientras caminaban, las linternas comenzaron a fallar hasta descomponerse. La falta de luz artificial no lo asustó, puesto que la luna brillaba en lo alto suficiente para recorrer el camino hasta el campamento. 

Ya en la carpa, los jóvenes se disponían a dormir, cuando de pronto un estruendo los alertó; el ruido de música estridente y alaridos sin sentido los dejó paralizados. Ambos rápidamente salieron de la carpa buscando de dónde venía aquel ruido. Caminaron alrededor del campamento cuando una intensa luz llamó su atención. Al acercarse, vieron con pánico cómo en medio de una gran roca en el pozo, muchas personas se encontraban bailando, dando gritos y tocando tambores.

Los jóvenes quedaron atónitos ante la imagen; la música se imponía sobre el ruido de la cascada, los cantos inentendibles los hipnotizaron y aquellas extrañas personas no se habían percatado de su presencia. Arturo estaba lleno de miedo, pero vio cómo poco a poco Luis iba acercándose al extraño grupo. Arturo intentó llamarlo, pero el joven seguía caminando como si nada. Cuando ya estaban próximos al pozo, la música se detuvo; los extraños seres quedaron paralizados en el aire, algunos incluso en extrañas posiciones. 

Luis, que parecía haber salido del encanto, dio un grito desgarrador; al mismo momento, todos los seres comenzaron a retorcerse y gritar. Los alaridos eran tan fuertes que Arturo tuvo que inclinarse y cubrir sus oídos, cuando de pronto todo quedó en silencio y nuevamente el ruido del agua correr cubrió el ambiente.

Los jóvenes aterrorizados no podían creer lo que habían visto; Luis se sacudió frenéticamente la camiseta y de ella cayó una medallita de San Benito que le había regalado su abuela. La medalla se encontraba completamente roja y había quemado el pecho y parte de la camiseta de Luis,  como si presintiera la oscuridad a la que el joven se estaba acercando. 

Ninguno de los dos logró conciliar el sueño después de aquel suceso; ambos esperaron hasta las primeras luces del amanecer para iniciar el camino a casa. Ninguno habló de lo sucedido; sin embargo, Arturo, que tenía familiares en el pueblo, comenzó a investigar.

Al aparecer entre los lugareños, corre el rumor de que aquellos pozos son lugares encantados, sagrados para los indígenas que realizaban misteriosos rituales en él. Durante los años ochenta, un grupo de personas dedicadas a las artes oscuras se adentraron en la montaña; nadie sabe qué pasó con aquellas personas, solo que se adentraron hacia los pozos y nunca consiguieron salir. Algunos comentan que fue el mismo encanto dejado por los indígenas en aquellas aguas que, cuando se sienten profanadas, lanzan su furia contra aquellos que no muestran respeto.

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