María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- Hay fechas que se graban con fuego en la memoria colectiva de un pueblo; para Pregonero, el nueve de febrero de 1983 representa una de esas cicatrices imborrables. Aquel día, poco después de las 7:30 de la mañana, un viaje rutinario de autobús se transformó en pesadilla en un segundo en el sector conocido como La Roca.
El vehículo de Expresos Occidentales, con 26 personas a bordo, en su mayoría educadores que se dirigían desde Pregonero hacia sus lugares de trabajo en La Grita y poblados intermedios, inició su viaje habitual. Sin embargo, nadie se imaginaba la tragedia que ocurriría.
El conductor, un joven de 26 años, percibió en un tramo peligroso una falla total de los frenos. Los sobrevivientes explicaron a los medios que el chofer dio el aviso a los pasajeros: "Nos quedamos sin frenos". El autobús, ya fuera de control, chocó contra un poste telefónico y se precipitó a un abismo de aproximadamente a 500 metros de profundidad. El vehículo dio varias vueltas antes de convertirse en un amasijo de hierros.
El balance de víctimas fue desgarrador: 13 personas, seis de ellos profesores, perdieron la vida al instante. Milagrosamente, los otros 13 ocupantes consiguieron sobrevivir, aunque muchos con heridas sumamente graves. Tras el impacto, uno de los sobrevivientes, desesperado, consiguió escalar el escarpado barranco y regresar a la carretera para pedir ayuda a gritos.
Los equipos de rescate, la Guardia Nacional y habitantes del sector, llegaron al lugar rápidamente para prestar auxilio a los heridos. La difícil geografía del lugar hizo necesario el uso de helicópteros para evacuar a los heridos más críticos y posteriormente recuperar los cuerpos de víctimas.
La noticia conmovió a todo el Táchira y Pregonero, un pueblo lleno de tradición y alegría, se tiñó de luto profundo y silencioso. El pueblo entero acompañó a los familiares en el sepelio de las víctimas, al que asistieron más de 15 mil personas.
Cuatro décadas después aún se recuerdan a las víctimas del trágico accidente que partió en dos la historia de Pregonero, un antes y un después marcado por aquella mañana de febrero.
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