En Capacho Nuevo se encuentra una antigua casa que colinda con la carretera Panamericana entre sus paredes de barro y bahareque se esconden oscuras y terribles historias

Crédito: Karen Roa

En Capacho Nuevo se encuentra una antigua casa que colinda con la carretera Panamericana; entre sus paredes de barro y bahareque se esconden oscuras y terribles historias

La casa de Capacho Nuevo, donde los espíritus nunca descansan

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En Capacho Nuevo se encuentra una antigua casa que colinda con la carretera Panamericana; entre sus paredes de barro y bahareque se esconden oscuras y terribles historias de almas del más allá que pasean por sus cuartos y pasillos. 

A finales de los años 90, Carla y Julio, una pareja de casados con sus dos pequeños hijos, se instalaron en la propiedad; quedaron encantados con el diseño antiguo de la casa que conservaba con gran esplendor su jardín central.

La pareja se instaló y por lo grande de la vivienda, cada cuarto tenía una utilidad; cada uno de los niños tenía su espacio, además del cuarto de juegos, el salón de costura y una oficina. Los primeros meses, entre los ajetreos de la mudanza, la pareja nunca notó nada extraño; sin embargo, poco a poco una extraña presencia comenzó a hacerse notar en cada rincón de la casa. 

La primera en notar los cambios fue Carla. Mientras los niños se encontraban en la escuela, la mujer estaba en el cuarto de costura, cuando vio unas extrañas sombras que parecían moverse a toda prisa por  la casa. La mujer se asomó para ver de qué se trataba y cada una de las puertas de la casa comenzó a abrirse y cerrarse sin ninguna explicación. Carla intentó detener la del cuarto de costura, pero una fuerza sobrenatural lo impedía; durante varios minutos los golpes de las grandes puertas de madera resonaban profundamente en toda la propiedad

Finalmente cuando se detuvieron, Carla corrió hacia el pasillo principal de la casa, aquel que daba a la puerta hacia la calle, y durante varios minutos esperó a que algo volviera a suceder, pero la casa quedó en silencio, el ambiente se había tornado pesado y lúgubre. La mujer, temió estar perdiendo la razón, le contó lo sucedido a su marido, quien para tranquilizarla decidió buscar un padre para que bendijera el lugar al siguiente día. 

El sacerdote llegó a primera hora de la mañana, mientras los niños estaban fuera; Carla lo acompañó para que bendijera cada rincón del lugar. Todo había transcurrido con normalidad hasta llegar al cuarto de juegos, el cual estaba equipado con toda clase de juguetes para que los niños se divirtieran; no obstante, desde que se habían mudado, los pequeños solo habían usado el cuarto una vez. Mientras caía el agua bendita en la habitación, extraños y desgarradores gritos comenzaron a resonar por toda la casa. El padre se congeló por un momento al escuchar los gritos, pero miró a la mujer y le pidió que lo acompañara en las oraciones.

Los gritos lejos de acabar, se hacían más desgarradores mientras continuaban el ritual, hasta que al salir de habitación cesaron repentinamente. El sacerdote, tras terminar con la bendición al hogar, quedó muy consternado con lo sucedido, así que recomendó a la mujer dejar una cruz bendita en aquella habitación. La mujer hizo lo que el sacerdote le pidió y colgó una gran cruz de bronce que era de su abuela en el cuarto de juegos.

Durante varios días no sucedió nada extraño hasta que una noche, mientras todos dormían, Julio se encontraba en la oficina con la puerta abierta que daba al patio principal y a su vez se podía ver el cuarto de juegos. El hombre que revisaba varios papeles, se distrajo al escuchar unas extrañas cadenas; el sonido se iba haciendo cada vez más fuerte, como si aquello estuviera pasando frente a la habitación. Julio salió del cuarto y vio con terror cómo un extraño ser se arrastraba con una gran cantidad de cadenas a su alrededor hacia el cuarto de juegos. 

El hombre se armó de valor y decidió ir hacia aquella habitación, pero al llegar se encontró frente a frente con un hombre de gran altura, con ojos negros como la noche y cientos de cadenas a su alrededor. El espectro comenzó a dar alaridos tan intensos y cargados de dolor que Julio terminó por desmayarse. Varios minutos después despertó junto a su esposa. Julio contó lo sucedido; ambos decidieron clausurar aquel cuarto y debido a que las apariciones continuaron, en pocos meses decidieron abandonar la casa y ponerla en venta. 

Cuentan que aquel espectro es el espíritu torturado del empleado de confianza de un terrateniente, que  se enamoró de una de las hijas de este y como castigo, le cosió la boca y lo sepultó vivo para que resguardara uno de sus tantos tesoros, condenando su alma a vagar por la tierra hasta que la fortuna fuera encontrada. 

Aquella casa pasó por muchos dueños; algunos escucharon la historia e intentaron encontrar el tesoro, pero sin éxito. Actualmente, aquella misteriosa casa es una funeraria en la cual muchos aseguran que siguen sucediendo cosas extrañas.

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