María Geralda no fundó una institución formal sino que hizo de su propio hogar un refugio para los mÃs necesitados

Crédito: Cortesía/Karen Roa

María Geralda no fundó una institución formal, sino que hizo de su propio hogar un refugio para los más necesitados

La historia de María Geralda, símbolo de fe y servicio social

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- María Geralda Guerrero García, mejor conocida como Medarda Piñero, una mujer tachirense que se convirtió en símbolo de fe. De humildes orígenes, esta mujer transformó su vida en un legado de servicio dedicándose a los enfermos, a las embarazadas y a los desamparados, hasta ser considerada por el Vaticano como una Sierva de Dios.

Nacida en el municipio Jáuregui el 13 de octubre de 1885, la vida de María Geralda estuvo marcada desde temprano. Según relata Luis Hernández, cronista de San Cristóbal, fue testigo directo de los estragos causados por la viruela negra que azotó a la aldea Caricuena de La Grita. 

María Geralda no fundó una institución formal, sino que hizo de su propio hogar un refugio para los más necesitados. Su casa se convirtió en un "templo de caridad", un espacio sostenido únicamente por la limosna y su inquebrantable fe, donde nadie era rechazado. Además ejerció como comadrona, ayudando a venir al mundo a numerosos niños, en una época donde la atención médica era escasa. 

Madre de once hijos, Maria Geralda con su humildad siempre estuvo dispuesta para ayudar a los más necesitados. Su fama se extendió por la región, ganándose el cariño e incluso la veneración de su pueblo, que la considera una santa. 

Durante los últimos días de su vida, tras padecer una enfermedad, su hija Carmen decidió trasladarla a Barquisimeto, donde falleció a la edad de 87 años. El cronista asegura que el Pbro. Oswaldo García consiguió trasladar su cadáver rápidamente a Seboruco, que fue su hogar durante gran parte de su vida, en donde fue sepultada "con olor a santidad". 

Su legado, lejos de desaparecer, permanece más vivo que nunca; hoy en día varias casas de ancianos en la región llevan su nombre, entre ellas la ubicada en la esquina de la carrera 9 con calle 10 de San Cristóbal. Mientras que en Seboruco permanece su casa como símbolo de su entrega a los desamparados.  

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