María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- El 11 de marzo de 1980 la tranquila localidad de La Tinta se vio sacudida por un violento crimen. Los cuerpos de dos jóvenes oriundos del centro de San Cristóbal fueron encontrados sin vida a un lado del camino.
La mañana de aquel 11 de marzo, un sacerdote se encontraba camino hacia la aldea de Pericos. Mientras pasaba por la carretera de La Tinta, vio por la ventana que muy cerca del camino había un joven, detuvo su auto y al bajarse encontró la terrible escena. El joven, que yacía sin vida, tenía múltiples impactos de bala en diferentes partes de su cuerpo y a pocos metros de él se encontraba otro cadáver. El sacerdote enseguida se comunicó con la policía que rápidamente llegó al lugar de los hechos.
La Policía Técnica Judicial (PTJ) inició las investigaciones. Los jóvenes fueron rápidamente identificados como alias "Tino" y "Pantera Negra", de 30 y 26 años de edad cada uno. Ambos hombres eran conocidos por las fuerzas del orden, ya que eran ampliamente conocidos por iniciar peleas en los bares de la ciudad; sin embargo, la escena del crimen era extraña.
Ambos cuerpos poseían más de 15 heridas de balas, y al menos cinco de estas eran el rostro, lo cual mostraba un ensañamiento con las víctimas. En el lugar no se encontraron casquillos de bala, lo cual daba a entender que los criminales habían limpiado la escena o los habían asesinado en otro lugar. A pesar de que los hombres eran conocidos por ser sumamente violentos y agresivos, no mostraron ningún indicio de poner resistencia, además los proyectiles fueron disparados casi a quemarropa.
Investigaciones
Los detectives comenzaron a entrevistar a personas de la zona, quienes aseguraron que la noche anterior ambos hombres se encontraban ingiriendo licor en una pequeña cantina muy cercana de donde se encontraron los cuerpos. Los testigos explicaron que desde hace varios días habían visto a los dos hombres haciendo de guardaespaldas de un italiano apodado "Pepe". El dueño del bar aseguró que los tres hombres se marcharon aún sobrios del local pasadas las siete de la noche y después no volvieron a ser vistos.
El italiano era la figura clave para resolver el misterio, los detectives señalaron a los medios de comunicación de la época que manejaban varias hipótesis, una de ellas era la venganza y presumían que las víctimas habían sido llevadas al sitio bajo engaño y que probablemente quien cometió el doble crimen era conocido por ambos.
Otros testigos contaron a los oficiales que a las víctimas les habían ofrecido dinero para asesinar al italiano; sin embargo, estos se negaron y ofrecieron al mismo su protección. La policía investigaba la posibilidad de que el italiano, para evitar ser extorsionado, decidió quitarle la vida a ambos en aquel lugar.
Si bien los oficiales tenían plenamente identificado al italiano, este desapareció completamente, dejando el caso en un callejón sin salida. A un año de los hechos y con el caso prácticamente cerrado, de manera inesperada el italiano fue detenido por un delito totalmente diferente y la PTJ vio la oportunidad de resolver el misterioso asesinato de La Tinta.
Si bien el italiano fue interrogado por los oficiales, finalmente no consiguieron ninguna confesión de él. Incluso negó a los policías conocer a las víctimas y haber bebido aquella noche en el bar. Ante las pocas evidencias que tenían los oficiales, no les quedó más remedio que dejar en libertad al italiano y aquel crimen en La Tinta quedó como un cangrejo más en las oficinas de la PTJ.
Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del Liceo Alberto Adriani en San Cristóbal.
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