María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- La silueta moderna de San Cristóbal, con sus amplias avenidas y plazas integradas con la naturaleza, lleva la firma indeleble de un hombre que llegó de los llanos venezolanos, para convertir al Táchira en su obra maestra. Rafael Rojas, nacido en Guárico el cuatro de enero de 1926 arribó al Táchira en 1960 y en las décadas siguientes se convirtió en el paisajista fundamental de la ciudad, un visionario cuyo último deseo fue que sus cenizas se esparcieran en los espacios que él mismo ayudó a florecer.
la huella de Rojas es omnipresente en la ciudad, fue el artífice de la transformación de la mayoría de las plazas emblemáticas de la capital tachirense: La Plaza Bolívar, Garbiras, María del Carmen Ramírez (Los Mangos), Plaza José Antonio Páez (La Ermita) y La Plaza Francisco de Miranda (La Concordia), por mencionar solo algunas. Su ingenio se extendió con creaciones como el Parque Los Escritores, La Parada y La Romerita y fuera del casco central existen algunas de sus obras como Parque Agua Gorda (municipio Cárdenas), Parque Gervasio de Rubio (Junín), Parque Andrés Bello (Cordero), Parque Timoteo Chacón (Córdoba) y El Parque Nicolás Palencia (Junín) .
La influencia de Brasilia y una visión funcional
Su formación académica en Brasilia dotó de grandes ideas y marcó el estilo de Rojas. El arquitecto Samuel Trevisi explicó que esta influencia es palpable en el diseño de la Quinta y Séptima Avenida, proyectos de gran envergadura. "Son dos grandes avenidas que se unen, eso se puede ver en Brasilia", indicó Trevisi.
El arquitecto Walter Duran destaca que la grandeza de Rojas radicaba en su profundo entendimiento de San Cristóbal y su topografía. "Diseñó plazas funcionales y de gran relación con la naturaleza", creando no solo espacios bellos, sino útiles para la comunidad. Sin embargo, el paso del tiempo y las remodelaciones no siempre han sido benévolas con su legado. El ingeniero Fernando Moreno explicó que muchos de los espacios no fueron cuidados como se debía y algunos incluso intervenidos, desplazando parte de las ideas de Rojas, como los espejos de agua en la Plaza Miranda, que fueron reemplazados, perdiendo así su esencia original.
Un orientador permanente y desinteresado
Moreno resalta que Rojas, aunque de origen guariqueño, se convirtió en "un tachirense más", cuya importancia trascendió a la academia, siendo fundamental en la educación de generaciones de arquitectos egresados de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET), llegando no solo las obras sino a una filosofía.
Rojas siempre estaba involucrado en los proyectos más grandes de la ciudad, autor de los jardines de la Biblioteca Pública Leonardo Ruiz Pineda. De la mano de otro gran arquitecto, Henry Mateus, trabajó en la elaboración de los jardines del Centro Cívico.
Uno de sus proyectos más grandes, pero que jamás se concretó fue el "Bulevar de los Presidentes", una idea visionaria que buscaba destapar la vista que cubría la Iglesia San José y donde estarían cada uno de los presidentes de origen tachirense hasta el momento. De este proyecto solo quedan los bocetos como testigos silenciosos de la una ciudad que pudo ser.
A pesar de su inmensa contribución, la vida de Rafael Rojas no terminó con honores. Murió a los 77 años, en la pobreza en un hospital de Valencia. Sus amigos en San Cristóbal recuerdan con tristeza que desconocían su difícil situación, describiéndolo como un hombre querido y respetado, de gran compromiso, sencillez y desinterés.
Su amor por el Táchira fue tan profundo que se materializó en su ultima voluntad, que sus cenizas descansaran para siempre en todos los parque y plazas que fueron emblemas de su trabajo. Un deseo que incluyó también una cascada de su autoría en La Posada Pirineos. Así Rafael Rojas no sólo modeló el paisaje tachirense, sino que finalmente se fundió con él descansando en la misma belleza que, con su talento Y dedicación, ayudó a crear para todos.
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