María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En medio de unos matorrales en las inmediaciones de La Plaza de Toros, el 10 de abril de 1970 encontraron el cuerpo agonizante de un conocido recaudador de San Cristóbal. A pesar de trasladarlo rápidamente al hospital, los médicos no lograron salvarle la vida. El recaudador, de 43 años, había sido declarado muerto tras recibir un disparo en la cabeza y con ello había iniciado un misterio que pondría a prueba a los detectives.
La Policía Técnica Judicial (PTJ) se trasladó al lugar de los hechos, encontrando un revolver muy cerca de donde fue hallado el cuerpo del recaudador. Asimismo confirmaron con la viuda que el hombre había salido de su residencia de Barrio El Carmen un día antes del crimen, sin decir a dónde se dirigía ni con quien.
En primera instancia los detectives barajaban dos posibilidades, un posible homicidio o tal vez suicidio, ya que el revólver calibre 22 fue encontrado en el lugar de los hechos y la víctima tenía rastros de pólvora en sus manos; sin embargo la dirección y el orificio de entrada de la bala descartaban esta posibilidad. Asimismo también descubrieron que solo hacía unos pocos días el recaudador había sido víctima de un secuestro para robarle una gran suma de dinero que estaba destinada a pagar a Merpeco (Mercado Los Pequeños Comerciantes), la empresa en la que laboraba.
Al parecer, cuatro días antes de su asesinato, el recaudador se encontraba a las afueras de Banfoandes de la Concordia cuando fue sometido por dos sujetos que los subieron a un automóvil, lo drogaron y luego lo abandonaron en la ciudad de Cúcuta.
El hombre fue recluido en el hospital central durante algunos días, hasta que finalmente le fue dada el alta. El recaudador se encontraba descansando en su casa y aquella tarde del 9 de abril le dijo a su esposa que iba a salir. Unos testigos informaron a la policía que el hombre se subió a un automóvil marca Volkswagen que iba conducido por una mujer y nadie más lo volvió a ver.
Si bien la policía intentó barajar la opción de asesinato por robo, la desestimo rápidamente, ya que el recaudador contaba con todos sus objetos personales, incluyendo el dinero que llevaba en su cartera. De igual manera, su esposa informó a los oficiales que su esposo había ganado la lotería recientemente, pero el dinero se encontraba casi intacto en su hogar.
Pero el empleado de seguridad de los Pequeños Comerciantes, a los pocos días del crimen, informó a las autoridades que aquel 10 de abril recibió una extraña llamada en horas de la mañana en la que anunciaban que el recaudador no iba a volver nunca más al mercado.
Los detectives se encontraban ante un caso sin sospechosos, ni móvil. Existían muchas incógnitas en torno al crimen: la extraña llamada, la mujer misteriosa del Volkswagen y el arma abandonada en el lugar del crimen.
Al pasar de las semanas, dos personas fueron detenidas por estar posiblemente involucradas en el caso, pero nunca se llegó a nada. Los sospechosos fueron puestos en libertad y la policía continuaba sin pistas sobre el crimen del recaudador.
Pasaron las semanas, luego los meses y poco a poco el caso se fue enfriando. La PTJ no consiguió aclarar el misterioso crimen del recaudador.
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