Redacción | La Prensa Táchira.- En el marco de la celebración de los 446 años de la Flor más Bella de la Montaña, Nuestra Señora de los Ángeles, monseñor Lisandro Rivas, Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, acudió al templo donde a lo largo de los años se ha cultivo la devoción a la madre de Dios.
Como parte de las acciones previstas en este loable homenaje se bendijo la corona restaurada de la virgen, un regalo para mantener su hermosura, y por primera vez, a lo largo de esta historia, colmada de consagraciones y devoción mariana, se colocó una corona a la imagen de niño Dios que carga en sus brazos.
Bajo el manto del amor de la Virgen María en la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, el obispo de la Diócesis de San Cristóbal, se refirió a la familia como iglesia doméstica, en la cual, bajo los preceptos esperanzadores y promotores de la buena nueva instituye la consolidación de discípulos misioneros como factor determinante en el proceso evangelizador de la Iglesia Local.
Para el pastor diocesano hay tres desafíos de importante valía para que las acciones evangelizadoras sean profundas y se instaure en el corazón de quienes profesan la fe y la enseñanza de Cristo. El primero, se fundamenta en la búsqueda de lo notable, esencial y necesario para vivir, pese al caos que día tras día puede promover transformaciones que nos alejen del camino cristiano, para ello, se debe poner en primer plano los principios y valores del Evangelio sumado a la preservación de la vida bajo la luz de la moralidad.
Como segundo desafío, monseñor Lisandro Rivas insta a todos a buscar la sanación y reconciliación en María de Los Ángeles para que, desde este paso, la convivencia humana de las familias, así como las relaciones sociales y eclesiales gesten en cada hogar principios dignos que fomenten el desarrollo integral, de allí, que serían los niños, niñas y jóvenes los destinatarios primigenios para que se logren las transformaciones.
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